¿Por qué el papel antiguo es mejor que el moderno?

En el imaginario común solemos pensar que todo lo “antiguo” es frágil. Pero cuando hablamos de papel, ocurre algo sorprendente: muchos libros de hace dos o tres siglos se conservan en mejores condiciones que otros impresos hace apenas 70 años. Esta paradoja tiene una explicación clara: el tipo de fibras con las que se fabricaba el papel antiguo y los procesos artesanales que lo hacían resistente por naturaleza.
Cuando el papel venía de la ropa: las fibras nobles
Desde la Edad Media y hasta el siglo XIX, en gran parte de Europa y América el papel se fabricó casi exclusivamente con trapos de lino y algodón. La materia prima provenía de ropa vieja: camisas, manteles, sábanas y textiles domésticos sin pigmentar que ya no podían remendarse.
Estos trapos se sometían a un proceso llamado pudrición controlada, donde se dejaban fermentar ligeramente en agua para ablandar las fibras. Lejos de ser un procedimiento sucio o improvisado, era una técnica bien establecida que facilitaba el desmenuzado del tejido sin dañarlo. Luego, los trapos se batían con martinetes movidos por agua en un molino papelero hasta obtener una pasta homogénea, fuerte y flexible.
Después venía la formación manual: el papelero sumergía un molde con malla metálica dentro de la tina, la sacudía para entrelazar las fibras y formaba una hoja. Tras prensarse y secarse al aire, se obtenía un papel notablemente resistente.
¿Por qué esos papeles duran tanto?
- Las fibras de lino y algodón son largas, puras y químicamente estables.
- No contienen lignina, un componente que acelera el deterioro.
- El proceso artesanal generaba papeles con pH neutro, lo que evita la
acidificación interna.
Por eso, muchos papeles del siglo XVIII permanecen aún flexibles, blancos y estables, incluso cuando las tintas de hierro ya muestran signos de oxidación.
Cuando el papel empezó a venir de árboles: rapidez vs. permanencia
A mediados del siglo XIX la demanda de papel se disparó y los trapos se volvieron insuficientes. La industria adoptó entonces la madera como fuente principal de celulosa. Aunque eficiente, la madera contiene lignina, un componente que, al oxidarse, genera compuestos ácidos que deterioran la celulosa.
Los procesos químicos utilizados no eliminaban por completo la lignina. A esto se sumó otro cambio: la fabricación industrial utilizaba sustancias ácidas y agentes blanqueadores que dejaban el papel con un pH bajo. Esto hizo que, con el tiempo, el papel moderno se volviera más frágil. Por eso los periódicos del siglo XX se vuelven amarillentos, quebradizos y casi imposibles de manipular sin que se deshagan entre los dedos.
Soluciones actuales
Hacia finales del siglo XX, archivistas y conservadores documentaron ampliamente los problemas de deterioro asociados al papel industrial. En respuesta, la industria desarrolló papeles libres de ácido y lignina, adecuados para materiales que requieren larga permanencia. Hoy se elaboran con algodón, mezclas especiales o celulosa purificada y suelen incluir tampones alcalinos, lo que los hace ideales para guardas, cajas y otros materiales de conservación.
En restauración, el papel japonés (washi) sigue siendo indispensable. Sus variedades tradicionales hechas artesanalmente con fibras largas de kozo, gampi o mitsumata— son naturalmente estables y prácticamente libres de ácido. Su proceso de producción, que incluye hervir y limpiar las fibras, mezclarlas con mucílago vegetal (neri) y formar las hojas en moldes de madera o bambú, da como resultado un papel resistente y flexible, perfecto para injertos, refuerzos y reparaciones delicadas en libros.
Por todo esto, el contraste entre el papel antiguo y el moderno se vuelve evidente: mientras el papel de trapo surgió de un oficio paciente y cuidadoso, el papel industrial nació de la urgencia por producir más en menos tiempo. Esa búsqueda de velocidad sacrificó la permanencia. Entender esta diferencia nos permite apreciar la riqueza material de los libros antiguos y comprender por qué muchos siguen vivos, flexibles y luminosos, incluso después de varios siglos.