Nuevas ideas en prácticas

En la vida de los universitarios las prácticas profesionales representan un ritual de tránsito en el que los conocimientos adquiridos en los salones de clases se ponen a prueba en el “mundo real”. Pese a ello, para un gran número de estudiantes pareciera ser un verdadero reto encontrar un espacio donde realizar sus prácticas, un lugar que, además de estar dispuesto a recibirlos, se corresponda con sus perspectivas del próximo mundo laboral.
Los museos, por supuesto, no son extraños para estos posibles prospectos. Muchos estudiantes universitarios que están interesados en el arte y la cultura se acercan a los museos para transitar este proceso, ya que los ven como centros donde podrían explorar sus propias aspiraciones profesionales. Sin embargo, no todos los museos están preparados para recibirlos con programas diseñados a la altura de sus expectativas. Tareas como custodiar salas, repasar inventarios interminables de material o cubrir actividades que nadie más quiere realizar derivan en prácticas profesionales poco satisfactorias para ambas partes, así como en jóvenes desencantados del panorama laboral en los espacios culturales.
Cada día llegan más estudiantes al MIO buscando realizar sus prácticas profesionales. Algunos jóvenes han visitado antes el museo, o bien se acercan a este porque les interesa desarrollarse en el área de la cultura o de las infancias. Esto demuestra que existe en ellos un público que no siempre está considerado en las planeaciones, pero que coexiste con los otros más evidentes que visitan diariamente el museo.
Esta demanda nos ha llevado a plantear un modelo de prácticas que nos permita ofrecer experiencias más ricas, completas y provechosas, tanto para los jóvenes como para las oportunidades de innovación y crecimiento del museo.
En el MIO entendemos las prácticas profesionales como un programa formativo. Esto quiere decir que, como otros de nuestros programas, requiere de una estructura y planeación particular. De esta forma procuramos darle la importancia debida al trabajo de los practicantes, al reconocerlos como un sector con necesidades y retos específicos. Tener objetivos, prácticas e instrumentos propios nos permite también tener alcances y resultados más claros que se reflejan en la satisfacción profesional de los jóvenes y, por lo tanto, en su desarrollo personal.
Para cada practicante, el programa siempre comienza con una entrevista personal. Conocer a los jóvenes, sus intereses, objetivos, talentos y habilidades es muy importante para que el programa tenga un impacto significativo en ellos y en el museo mismo. Cada practicante tiene una visión particular del museo, por eso desarrollamos con cada uno de ellos un proyecto a la medida. Ya sea diseñar un ciclo de talleres de gastronomía, elaborar una guía para incluir poblaciones diversas o incorporar estrategias de difusión en redes sociales. Todo proyecto nuevo es una oportunidad para aprender y dejar huella.
Afirmar que las prácticas profesionales son en el MIO un programa formativo significa que, para nosotros, los practicantes son personas en proceso de formación, de manera que es nuestra responsabilidad asumir la tarea de acompañar y asesorar. Hay en el museo un coordinador al frente del programa, quien se encarga de conectar a los estudiantes con el área y el asesor más congruentes con su proyecto profesional en específico. Esta orientación personalizada aporta viabilidad a los proyectos, lo cual aumenta la probabilidad de que él o la practicante pueda ver realizada su aportación.
Todos los días estamos ampliando los horizontes del programa. No estamos seguros de quiénes serán los próximos practicantes que se acercarán al MIO, o qué nuevas ideas traerán consigo. Sin embargo, diseñar espacios con características, estrategias y procesos específicos presenta nuevas posibilidades con direcciones mucho más claras.
El MIO puede ser un lugar en el que cualquier estudiante con intereses afines pueda desarrollarse profesionalmente. Desde estudiantes en educación y pedagogía, cuyo objetivo es obtener mayor experiencia con públicos infantiles; jóvenes programadores con interés en desarrollar modelos de innovación tecnológica dentro de museos; diseñadores y arquitectos con ganas de aprender a construir espacios inmersivos, hasta ingenieros en mecatrónica que quieren explorar los mecanismos de los trenes a escala. Las prácticas profesionales pueden ser el medio para que los estudiantes se involucren más con los museos y participen activamente en la construcción de una sociedad más consciente de su cultura y su patrimonio por medio del juego.
Si quieres conocer más acerca del programa de prácticas profesionales, servicio social y voluntariado del MIO, escribe un correo electrónico a programas@mio.org.mx. Con gusto te orientaremos para comenzar tu proceso formativo en el Museo.