Boletín FAHHO Digital No. 62 (May 2026)

No te vayas, María

Rocío Ocádiz
Exposición “María Sada. Memorias de la Tierra” en el Centro Cultural San Pablo. Fotografías: Javier Sánchez

“Trópico, ¿para qué me diste las manos llenas de color? / Todo lo que yo toque se llenará de sol”. Hasta aquí, Carlos Pellicer.

Y a partir de aquí, María Sada.

Porque a partir de hoy, quienes tengamos la fortuna de vivir cada una de sus obras, asociaremos su nombre con esas manos llenas de color, con esa capacidad de resignificar la vida que se manifiesta en nuestra tierra, y de regalárnosla en ese único instante que atisba la eternidad: el arte.

Hoy veremos el bosque como no lo habíamos visto; la selva desde su más vívido caos y su entraña voraz, que busca el camino a la exuberancia… y lo encuentra.

Veremos la mirada de nuestro compañero homínido como solo ella la pudo captar para hablar desde un “nosotros” y no desde un “yo que mira”, porque no existe un objeto pasivo: somos nosotros, cada uno de nosotros, reflejados en la pupila de un ser que contempla a su vez la vida… a la que todos contribuimos con nuestra existencia.

Bromelias, flores, follajes, paisajes en lontananza, momentos de vida infinita que encuentran un lugar en los lienzos de María y en los de nuestras almas temblorosas que miran, por primera vez, lo que creían haber visto ya.

El “verde que te quiero verde”, de García Lorca, para ella es un abanico de verdes que quiere para no-so-tros, verdes que se convierten en azules, en reflejos de color, en niebla inesperada, en vapor de agua que envuelve misteriosamente la vida que bulle en la naturaleza.

Y así… quedamos confundidos. Porque ya no sabemos dónde comienza la poesía y termina el color, no entendemos cómo la emoción se funde en la vida que nos regala el instante eterno de cada pincelada.


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