Boletín FAHHO Digital No. 58 (Ene 2026)

“México-Líbano: Estampillas de memoria” y el Jardín de Encuentros Migrantes

Luis Eduardo Sánchez
Inauguración del Jardín de Encuentros Migrantes y de la Sala México-Líbano. Fotografías: Acervo Mufi

En noviembre de 2025 se inauguró, en el Museo de la Filatelia de Oaxaca, nuestra sala permanente “México–Líbano: Estampillas de memoria”. Bajo un ambiente agradable y rodeados de distinguidas personalidades de origen libanés —entre ellas George El Jallad, actual embajador del Líbano en México— recorrimos una muestra de poco más de doscientas piezas filatélicas, fotografías y objetos diversos. El recorrido presenta las primeras civilizaciones que dieron forma a lo que hoy son México y Líbano, y permite conocer la llegada de los primeros libaneses a México, iniciada en el último cuarto del siglo XIX; una migración impulsada por la inestabilidad y la persecución religiosa bajo el dominio del Imperio otomano, que se prolongó durante casi cuatro siglos. En esos mismos años, del lado mexicano, el país vivía una política migratoria favorable al arribo de extranjeros impulsada por el entonces presidente Porfirio Díaz, con la intención de fortalecer el desarrollo económico nacional.

Fue así como dos naciones —en apariencia opuestas en costumbres, economía e idioma— se encontraron y se aceptaron de una manera extraordinaria. Los primeros libaneses llegados a México se establecieron como comerciantes ambulantes y, con el tiempo, comenzaron a construir redes de negocio que más tarde se diversificaron hacia sectores como el textil, la industria y la gastronomía. Su éxito se atribuye a la capacidad de adaptación y a las habilidades comerciales heredadas de sus antepasados fenicios.

El emigrante libanés, pieza creada por el artista libanés Ramis Barquet.

Una vez establecidos, los lazos culturales comenzaron a fortalecerse. En la gastronomía adoptamos ingredientes libaneses como el aceite de oliva, el garbanzo y el ajonjolí, y heredamos los famosos tacos al pastor, adaptación del shawarma libanés que sustituyó el cordero por cerdo y el pan árabe por tortilla de maíz. En el cine, directores de origen libanés como Miguel Zacarías y Antonio Matouk impulsaron la carrera de figuras emblemáticas de la época de oro del cine mexicano, entre ellas María Félix, Jorge Negrete y Pedro Infante. En la literatura, una de las presencias más importantes, además del mexicano Octavio Paz —premio Nobel de Literatura en 1990—, es la del poeta Jaime Sabines, hijo de un inmigrante libanés.

En 2025 se celebraron los ochenta años de relaciones diplomáticas entre México y Líbano, y qué mejor conmemoración que recorrer esa sala que se mantendrá permanentemente abierta en el Mufi. La relación entre ambas naciones ha quedado registrada en la filatelia como una conexión que enlaza sus historias. Cada estampilla nos cuenta un episodio distinto y celebra los vínculos culturales y humanos que han unido a estos pueblos desde el siglo XIX. Cada pedacito de papel honra esta relación cercana y da testimonio de una hermandad que se mantiene viva.

Escultura del maestro oaxaqueño Alejandro Santiago, simboliza a los migrantes mexicanos que mueren en su intento por cruzar la frontera norte del país.

En el mismo evento se inauguró nuestro Jardín de Encuentros Migrantes, un espacio ideal para la contemplación y la lectura. Por medio de los libros de Gibran Khalil Gibran —que se encuentran disponibles al público— podrás viajar entre un continente y otro, acompañado por dos esculturas de gran tamaño. El emigrante libanés, pieza creada por el artista libanés Ramis Barquet, rinde homenaje a quienes llegaron a México en busca de una vida mejor. La segunda escultura, del maestro oaxaqueño Alejandro Santiago, simboliza a los migrantes mexicanos que mueren en su intento por cruzar la frontera norte del país; atiende la ausencia de quienes ya no están y evoca el deseo de sus seres queridos por mantenerlos presentes.

Para el Museo de la Filatelia de Oaxaca inicia un nuevo capítulo con la apertura de dos espacios que invitan a mirar la memoria compartida entre México y Líbano. Cada estampilla es un fragmento de vida, un rastro de identidad, de cultura y de familia, donde ambos pueblos dialogan y sostienen lazos que han perdurado a lo largo del tiempo. El Jardín de Encuentros Migrantes ofrece un respiro para sentir, pensar y acompañar; un lugar para reflexionar sobre lo que significa partir, llegar y reencontrarse. Comenzamos este año con la convicción de que nuevas historias, actividades y encuentros seguirán tejiendo este puente vivo entre la migración, la memoria y la filatelia.


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