Boletín FAHHO No. 27 (Nov-Dic 2018)

LOS SORPRENDENTES GUERREROS DE OAXACA ESCRIBIERON LA MEJOR HISTORIA DE LA LIGA MEXICANA EN 2018

Agustín Castillo

Sin visitas a los playoffs durante dos años, el equipo bélico estuvo cerca de completar cuatro campañas sin brindarle a sus seguidores la emoción de la postemporada.

A tres semanas de finalizar el segundo campeonato corto, los Guerreros empezaron a vivir la presión de ganar cada encuentro para mantenerse vivos, y voltear a ver lo que sucedía con el resto de sus rivales para trazar el plan de juego que se modificaba día a día.

Cambio de manager, coaches nuevos y contrataciones de última hora fueron las medidas que tomó la oficina para evitar una nueva eliminación. Nada parecía funcionar. Las matemáticas estaban en contra después de 8 derrotas en los primeros 9 juegos de Sergio Gastélum como piloto debutante.

El ánimo nunca cayó. Villahermosa recibió a los Guerreros con dos días de intensa lluvia que impidieron jugar. Tal vez fue el agua olmeca o las horas de convivencia contemplando las tormentas en Tabasco, pero cuando se pudo volver a la acción, la tropa zapoteca estaba convertida en un huracán. Cuatro triunfos consecutivos ante los Chocos y los Diablos cargaron de confianza a un equipo que ahora tenía claro el objetivo: ¡No renunciar!

Con un estilo de juego más de coraje que de armonía, Oaxaca logró acomodar las cifras para disputar un juego de eliminación ante los Bravos en León. Un triunfo dramático de 7-6 como visitantes los puso en la siguiente misión contra los campeones defensores, Leones de Yucatán.

Los Guerreros se llevaron los primeros dos juegos en el Kukulkán y dejaron mudos a los aficionados yucatecos. Las fieras echaron mano del corazón que los hizo triunfar meses atrás para salir con vida del Templo Bélico. El regreso del compromiso a Mérida fue para escribir dos batallas épicas, la última de ellas con victoria en extra innings para Oaxaca 5-2. El campeón había muerto.

Como hacía 20 años, cuando Oaxaca se quedó con el campeonato, los Diablos Rojos se volvieron a cruzar en el camino. Sin dos lanzadores extranjeros en el roster y Yordanys Linares lastimado, la serie inició en la Ciudad de México con un triunfo para cada novena. Los escarlata fueron capaces de rescatar un juego del Estadio Vasconcelos, obligando el regreso a la capital. 

Una vez más como visitantes, los Guerreros salieron con la determinación de no llegar hasta un séptimo encuentro, y en el sexto apagaron las luces del Fray Nano. Con pizarra de 8-4, Oaxaca obtuvo su boleto a la Serie del Rey. Julián Ornelas fue el encargado de definir el encuentro con un batazo de dos estaciones, que de paso fue el adiós de los Diablos de la que fue su casa durante cuatro años. Los bélicos y su hambre de triunfo celebraron entre aplausos de los seguidores rojos.

El destino final fue Monterrey. Igual que dos décadas atrás, los Sultanes fueron rival común en el título zapoteca. Esta vez no hubo repetición. Es probable que Oaxaca haya dejado ir la corona en el segundo encuentro, cuando tuvieron a los regios a un out de visitar el Vasconcelos contra la pared. Los Fantasmas Grises despertaron con tres triunfos al hilo, aunque todavía hubo tiempo para una última hazaña de los milagrosos Guerreros.

Con el festejo listo para Monterrey, la tropa bélica regresó para ganar un quinto juego de locura, que se alargó a diez capítulos. Samar Leyva definió la batalla enviando la copa Zaachila de regreso al aeropuerto. Fue el último triunfo de los Guerreros de Oaxaca en el año, tal vez el más emotivo de su historia.

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