Boletín FAHHO Digital No. 58 (Ene 2026)

Linaje de barro

Marla Ramos / Isabel González
Familia Zárate Fabián, artesanos alfareros

En su Historia natural (Libro XXXV), Plinio el Viejo describe el origen de la cerámica como un trabajo colaborativo entre un padre y su hija, es decir, dentro del ámbito doméstico, con la intimidad que requiere hablar del hogar. Y la historia del maestro Eligio Zárate, originario de Santa María Atzompa, evoca las palabras que el viejo naturalista pronunció algún día en un espacio y un tiempo muy diferentes a los de él, pero sobre esta misma tierra que sabe hacerse barro y arcilla para nuestras necesidades más urgentes y para nuestra fruición más honda, aquella que surge del gozo íntimo de las cosas bien hechas y del diálogo silencioso entre las manos y la materia.

La alfarería ha sido, desde antiguo, una actividad profundamente familiar. No es raro, pues, que Eligio haya aprendido el oficio por parte de sus abuelos, su padre y su madre. Es una herencia que se ha convertido en su forma de vida por más de 25 años, y que él y su esposa, Guadalupe Fabián, han inculcado a sus tres hijas desde muy pequeñas. Lo han hecho así no solo para preservar este patrimonio, sino para cultivar sus lazos familiares. La familia Zárate Fabián es primordialmente artesana: la alfarería es su cimiento.

Sus piezas se distinguen por el uso de barro blanco vidriado con engobe —alejándose del tradicional “barro verde” de Atzompa—; los diseños cuidados, geométricos y contemporáneos; las formas limpias que integran motivos geométricos, esferas, cilindros, jarrones y esculturas. Particularmente, les diferencia el decorado con calados hechos a mano y con gran detalle: se trata de cortes o vacíos decorativos que producen efectos de ligereza, juego de luces y sombras con un aspecto refinado. En manos de la familia Zárate Fabián, las ollas o vasijas cotidianas se convierten en piezas artísticas, decorativas, algunas de ellas escultóricas, de gran formato. La innovación surge de una creatividad abierta a los desafíos y consciente de las bondades del propio barro: un elemento moldeable, capaz de adaptarse a diferentes formas. Por otra parte, el juego entre las piezas ornamentales y las utilitarias logra el equilibrio entre tradición e innovación.

El proceso de producción es artesanal en todas las etapas: desde la elección del barro local hasta el torneado manual, mezclado, esmaltado y la cocción. Así, las ligeras variaciones en forma, textura o acabado que genera el trabajo manual potencian la singularidad de cada pieza.

Asimismo, existe un compromiso por trabajar con materiales seguros. El distintivo “Sin Plomo” otorgado por FONART junto con IFPA, tras cumplir con la NOM-231-SSA1—, que el taller ha recibido, indica un esfuerzo por adecuarse a estándares de salud y comercio actual. Recibir esta marca les ha abierto muchas puertas en el mercado, pues no solo les ha ayudado a vender más, sino a obtener mejores precios para sus piezas. El uso de esmaltes libres de plomo se ve reflejado en la confianza y seguridad que sienten los clientes al adquirir sus productos, pero también en los creadores mismos, ya que disminuye el riesgo de contraer alguna enfermedad causada por plomo. El sello “Sin Plomo” les permite cumplir requisitos de salud y seguridad que facilitan la exportación de sus piezas, por eso es que han podido abrirse a mercados más allá del local y el nacional. La oportunidad de que sus obras se vendan en otros países significa un gran reconocimiento que les motiva a seguir trabajando con calidad.

El maestro Eligio Zárate recuerda los momentos en que la alfarería ha sido vista como “un trabajo sucio propio de las personas sin estudios”, el último recurso para quienes no saben valorarla. Sin embargo, él no puede sino considerar a la alfarería como una labor profundamente noble, pues, aunque su oficio carece de un horario fijo y, al mismo tiempo, exige extensas jornadas de trabajo —y quizás por eso mismo—, le ha permitido convivir y compartir el día a día con su familia, con sus hijas. Esta ocupación le ha dado la oportunidad de atender tanto los problemas como los momentos felices que trae consigo la vida familiar. El maestro Eligio está seguro de que, con el empeño necesario, la artesanía propicia una vida digna en lo económico y en lo familiar. Por supuesto, Eligio Zárate se muestra orgulloso de ser un alfarero de Atzompa, pues gracias a su trabajo les ha dado una educación a sus hijas, bienestar a su familia y hoy se encuentra económicamente estable.

Como para todos los artesanos, para el maestro Eligio el legado de los oficios artesanales es fundamental; sin embargo, aconseja a los jóvenes no ver la alfarería como un trabajo más para generar dinero, sino como un gusto y un interés genuino. Para él, trabajar el barro debe ser una satisfacción que dirija a la innovación. Tal vez se trata de ser, como el barro, profundamente versátil. Afortunadamente piensa el maestro—, hoy el emprendimiento ha permitido que la artesanía resurja y no se pierda. En las zonas tradicionalmente artesanales se han perdido generaciones enteras, pero también hay personas de fuera que desean continuar este camino.

Mientras tanto, en Atzompa la cerámica sigue naciendo del hogar: de la cercanía, de la enseñanza y del fuego que transforma y que une a una familia. Porque, como bien sabe el maestro Eligio, el barro no solo se moldea, también nos moldea.


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