Lenguaje de aves y frutas o El libro de la mariposa

¿Alguna vez has ido a una biblioteca (o librería) y solicitado un libro que al parecer es azul (o rojo, o verde, o grande de colores, o negro brilloso, o con una foto en su portada, etc.)? Es algo muy común pedirlos de esa forma, y ciertas veces funciona (cuando el detalle es muy particular), pero en otras ocasiones (la mayoría), quienes trabajamos en las bibliotecas, no le atinamos. Inclusive, esa forma de solicitar libros se ha vuelto una especie de broma entre bibliotecarias y bibliotecarios. Pero, pues…, ¡esta vez caí en mi propio chiste!
Hace algunos años, mientras organizábamos la colección de Luis Castañeda Guzmán,1 encontré un par de folletos que llamaron mi atención. No los revisé con detenimiento, pero en la contraportada tenían impresa una mariposa, eso no lo olvidaría porque el detalle resulta muy fino y hace ver a la mariposa muy bonita, con ojos expresivos y hasta parece que sonríe. ¿Cómo se puede lograr eso en una impresión tan pequeña? ¡En fin! Los folletos se colocaron en guardas y revisteros especiales, listos para seguir existiendo, y se guardaron.
Ahora que el tiempo pasó, intento recuperar los folletos de la mariposa con el fin de darlos a conocer. Todo un reto para mí, porque solo me acordaba de eso, sin embargo, tener orden y compañeros empáticos y pacientes siempre ayuda. Ahora tengo más curiosidad que antes y mientras busco la mariposa trato de recordar algún otro detalle, pistas que me dejen llegar más rápido, pero entre mis memorias no encuentro más, así que paso de una caja de folletos antiguos a otra, revisando uno por uno, distrayéndome por instantes entre rezos, poemas, cantos, grabados, letras (muy diversas), y papeles duros, suaves, amarillentos, blancos, con orificios pequeñitos (culpa de alguna polilla o grapa) o sin ellos, pero todos con algo en común: ninguno tenía una mariposa.
A punto de abandonar mi tarea, decido dar una segunda oportunidad a la búsqueda, así que vuelvo al principio, y en menos de cinco minutos encuentro los folletos… ¡ahí estaba la mariposa (sonriente), casi como la recordaba! Acomodo un lugar especial en el escritorio, coloco ahí uno de los folletos (hay dos ejemplares), regreso a la bóveda los materiales restantes y, ya feliz por el reencuentro, comienzo a hojear.
Su nombre es Lenguaje de aves y frutas. Nuevo obsequio á las señoritas, impreso en Oaxaca por I. Candiani en 1866. Es un texto anónimo, y del impresor apenas se saben algunos datos (tarea pendiente). Su nombre: José Ignacio Candiani, oaxaqueño “quien aprendió el oficio de un tipógrafo de origen inglés llamado Guillermo Haaf, quien trajo de Norteamérica a Oaxaca una imprenta”.2 Comenzó su trabajo de impresor en los años cuarenta (1844 aprox.), en la calle de Larrazábal, y en 1877 fue nombrado director de la imprenta del estado, cargo que mantuvo cerca de diez años ininterrumpidos; asimismo, estuvo varios años al frente de la cátedra de tipografía y litografía en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado.3 Sobre este último escribió e imprimió, en 1882, el Manual de tipografía, para que sirva de obra de texto a los alumnos de la cátedra que está bajo su dirección. En 1888 abre por última vez, para cerrar definitivamente4 su imprenta.

El folleto es pequeño: apenas mide 10 cm y tiene seis páginas (tres cuadernillos cosidos). El papel es muy fino: está hecho a mano y es de buena calidad, lo que hace que también sea muy delgadito. Sus hojas se observan amarillas, reflejo del paso del tiempo; su cubierta y contracubierta son de un tono rosado, ligeramente desgastado, pero que resalta y da un toque “delicado” a la impresión, la cual está hecha a una tinta.
En la portada se encuentran el título y los datos de impresión; al reverso de la portada se lee un breve poema, escrito a modo de introducción; le sigue un capítulo titulado “Lenguaje de aves” en donde, a dos columnas y a modo de breve diccionario, se colocan por un lado 34 nombres de aves y, por el otro, sus significados; en el siguiente apartado hay un “Pensamiento”. En la página que sigue (4) hay una primera adivinanza y posteriormente da inicio el capítulo “Lenguajes de frutas”, organizado del mismo modo que el de las aves, a dos columnas, en orden alfabético, enlistando 49 frutas diferentes con sus respectivos significados; finalmente, un segundo pensamiento y una segunda adivinanza; Ninguna de ellas viene acompañada de su respuesta. Termina el folleto con la litografía de la mariposa centrada en un marco de flores, en la contracubierta.
Es una publicación “dedicada a las mujeres” en donde se asocian nombres de aves y frutas con supuestos significados (¿de dónde salió esa relación?), lo cual pude entender mejor al leer el poema introductorio en donde menciona que las mujeres utilizan las flores para expresar sentimientos y sugiere que el hombre debe responder con el simbolismo de frutas y aves. El lenguaje de las flores al que hace referencia se conoce también como “floriografía” y es un tipo de lenguaje criptológico creado durante el siglo XIX, que se utilizó para expresar sentimientos de amor o pasión de manera “secreta”: así, cada flor tenía su propio significado y simbolismo.5 El lenguaje de las aves y frutas contenido en este folleto es también un tipo de lenguaje criptológico, y no voy a dejar pasar la oportunidad de compartir un par de ejemplos: Langosta refiere a “Eres la sombra de la destrucción;” Tuna colorada, por otra parte, significa “coquetería”.

Para entender un poco más el contenido de la obra es importante ubicarla a mediados del siglo XIX, poco después del movimiento independiente, durante una corriente europea que se denominó “romanticismo literario”. Rosalba Fernández (2000, citada en la obra de Fernández Hernández, 2014), menciona que esta corriente “basó su desarrollo en el verso, la narración breve, el texto dramático y la novela, manifestando su afán renovador en las meditaciones sobre el ser, la angustia ante la muerte y la exaltación del sentimiento amoroso que nunca llegaba a la plenitud”,6 reflejo del estado sentimental romántico que predominaba en las letras, y en las artes en general.
En este tiempo, la imprenta tuvo una expansión importante. En Oaxaca se decretó la “libertad de prensa” (1852), así que comenzaron a publicarse libros, folletos, calendarios y revistas de diversos temas y en diferentes idiomas, pues existía el pensamiento de que de esta manera se contribuía con el objetivo de hacer/construir una identidad nacional mexicana (entre otras cosas), especialmente desde el romanticismo.
“Los intelectuales” de esa época comenzaron a integrar “sentimientos” que eran considerados “de mujeres” en sus creaciones, y por ello la decisión de incorporar a las mujeres de ciertas clases sociales como destinatarias de las revistas femeninas que se empezaron a publicar.7 Es por eso que obras como esta resultan una importante fuente de referencia para conocer y entender la reconstrucción de la imagen de lo femenino en ese periodo. Como ejemplo transcribo a continuación el primer pensamiento: “El pudor es la prenda mas estimable en la muger, como son en el hombre la fuerza y el carácter”.8
Finalmente puedo decir que El lenguaje de aves y frutas es el reflejo de un tiempo romántico de las letras, la imprenta y la tipografía en Oaxaca. En su contenido podemos encontrar, por medio de simbolismos, un lenguaje considerado hasta cierto punto “sentimental”, hecho para “comunicar emociones” y en su forma física observar la perfección y el arte de un maestro oaxaqueño de la impresión y la tipografía, de quien aún hay mucho por reconocer.9
De paso les comparto que en este lenguaje se relaciona a la mariposa con la inconsistencia y volubilidad.
Las hermosas adoptaron,
Para cantar sus amores
Lo más precioso que hallaron,
El lenguaje de las flores.
Ahora, si el medio no sabes
De pagarles sus favores,
Adopta tú, en los amores,
Lenguaje de frutas y aves;
Y al abrir tu corazón,
Quien te conprenda será
Una mujer que tendrá
La ciencia de Salomón.
1. Notario público, investigador y arduo escritor de la historia de Oaxaca. Su colección se encuentra resguardada en la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova.
2. La Victoria, Oaxaca, t. II, n. 66, 20 de marzo de 1862, p. 1.
3. En el Archivo General de la Nación se localiza la copia certificada por Florencio Medina, secretario del Tribunal de Cuentas, del nombramiento de Ignacio Candiani como catedrático de Tipografía del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. Expedido por Orden de Fernando Maximiliano, emperador de México. AGN (46960/343 Volumen 1 Expediente 343 Fecha: 1866, junio 02 Foja 350).
4. Quintas Castellano, G. M., Quintas Martínez, G. R. (2020). Impresores de Oaxaca y sus imprentas a
través de la historia, p. 59.
5. En 1857 se publicó el libro titulado El lenguaje de las flores y el de las frutas, con algunos emblemas de las piedras y los colores, de Florencio Jasmín, impreso en Barcelona por la Vda. de Saurí e Hijos. Obra similar a la que se describe aquí.
6. Fernández Hernández, S. (2014). El arte del cajista en las portadas barrocas, neoclásicas y románticas (1777-1850). México, UNAM, p. 208.
7. En la biblioteca tenemos La ilustración: semanario de las señoritas, publicado entre 1869 y 1870 en la imprenta de Ignacio Cumplido en la Ciudad de México, y el Calendario portátil para el año de 1837, dedicado a las señoritas de la República Mejicana, impreso por Arévalo en la Ciudad de México.
8. Copiado textualmente del folleto.
9. En 1999, la Biblioteca Francisco de Burgoa, en colaboración con diversas instituciones, llevaron a cabo una exposición sobre la historia de la imprenta en Oaxaca, de la cual se generó un libro con el mismo nombre. Este se vuelve un material de referencia obligada para quien se interese en conocer más de cerca este tema, junto con el número especial (12/13) de la revista Acervos, publicada el mismo año, y dedicada igualmente a la imprenta en Oaxaca.