Boletín FAHHO Digital No. 49 (Abr 2025)

“La poesía no sirve para quejarse”: Jam poético por el 8M

Isabel González

La poesía crece cuando la historia es adversa a la humanidad. […] Ahí se ve que es una reserva, palabras que estaban allí, a mano, para consolar de lo inconsolable.
Mirta Rosenberg

Después de las diversas marchas y protestas por el 8M realizadas en la ciudad de Oaxaca —las cuales fueron disipadas con gases lacrimógenos, balas de goma y patrullajes acosadores con torretas y códigos encendidos—, la Biblioteca Henestrosa dio cobijo —además de las manifestantes que así lo quisieron— a las poetas Ana Rodelo, Araceli Mancilla, Bety Soto, Elia Pérez López, Enna Osorio, Claudia Díaz, Frydanel Carrillo, Mariana Libertad, Selene Rojas y La Lum Bre. Ellas estaban ahí para seguir alzando la voz, precisamente en el Jam poético “Mujeril” conmemorativo del Día Internacional de la Mujer.1

Entretejidas con la música de Xare Alive y Paam Flores, las poetas y su poesía continuaron el lenguaje de las protestas; se manifestaron con un vocabulario de inicios, pausas, repeticiones y ritmos cambiantes. Poesía y protesta parecen tener sentido solo en retrospectiva: en su transcurso pueden ser desconcertantes y poco claras, pero reveladoras; hay incertidumbre en su andar, pero mucho significado hacia su final.

Ana Rodelo arrancó la marcha con la figura de la mujer ave, la mujer fénix y las múltiples muertes que le acaecen en un camino de resistencias y renacimientos. Araceli Mancilla siguió el impulso ofreciendo dos poemas para una reflexión sobre el amor romántico (Deshojar puertas y Embustes), y uno más dedicado a Rocío (Aparecías), una mujer muy importante en su vida, víctima de un feminicidio. Caminamos con Las rastreadoras, de Bety Soto, para dar voz al silencio de las y los desaparecidos y sus buscadoras; también su Mujer tormenta apareció en todas las facetas que dan forma a la mujer, incluido el erotismo de Coincidir con alguien más. Andar con Elia Pérez López significó reconocer que en nuestra piel los senderos no tienen marcha atrás, y por eso la labor de la poeta se convierte en El reto de escribir para no morir. Y frente a la muerte, Claudia Díaz se detuvo en los cuerpos sobrevivientes, en el cuerpo herido que ahogando el grito no olvida la violencia (Tigre): ¿qué hacer con el dolor?, ¿cómo enfrentar la herida?, se pregunta Claudia, y quizás la respuesta sea imaginarse como un estornino para no ser el dolor (Estornino cuerpo). Con paso decidido, Enna Osorio realizó un posicionamiento y denuncia sobre la violencia hacia las mujeres en México y, reflexionando sobre el amor romántico, imaginó a las mujeres como Escarabajos de luz, desnudas y abiertas, herederas de un modo de amar que hiere, que enferma de un abandono crónico, cuyas secuelas se vuelven a heredar. En el camino, Frydanel Carrillo se detuvo en su Boutique de agravios con cinco poemas breves para desvelar la íntima relación corporal y material entre la poesía y las palabras y sus objetos. Siguiendo el impulso, Mariana Libertad recurrió a la migración de la Ballena para evocar los inviernos que atraviesan a la mujer: preñadas, ellas migran, nadan, corren, caminan, se arrastran hasta alcanzar su puerto y al fin criar en cualquiera de los sentidos y significados que esa palabra pueda evocar. Libertad también nos convocó al Aquelarre, a ser aquello que en nuestros cuerpos / vidas ha sido condenado, a conjurar, junto con las otras, nuestra salvación. En el recorrido, Selene Rojas habló para y a partir de su hija, y así expresó un deseo para todas: ella es agua que sigue el camino, pero que también puede hacerlo, agua que fluye y no debe detenerse ni secarse, que no debe ser obstaculizada ni extinguida. En el final de este camino, La Lum Bre evocó la incertidumbre y el miedo por el porvenir, la intemperie a la que nos arroja el existir siendo madre, siendo hija, esperando ser cuidada, no sabiendo cómo no fallar en el cuidar. Por eso también piensa en La enfermedad de la mujer, asociada a la forma en que siente y vive su cuerpo, un cuerpo enfermado, contagiado, juzgado, vejado, denostado, autolesionado…

Estas últimas palabras nos dejan el peso de sabernos identificadas y la ligereza de haber sido confesadas. Cuando la poesía sucede, abre la posibilidad de decir, de conjurar algo; allí hay belleza y rima, ritmo, musicalidad… Allí suena y resuena todo lo que queda por decir, todo lo que ha sido dicho: lo que se anuda en la garganta, lo que duele, lo que acomoda, lo que incomoda, lo que molesta, lo que calma, lo que llora, lo que ríe, lo que canta, lo que cansa, lo que sobra, lo que falta… (las que faltan). Por eso en la poesía hay una búsqueda, un esfuerzo y un riesgo, porque la poesía no se trata de algo dado, sino de lo que se persigue con anhelo.2

Dice la poeta argentina Mirta Rosenberg que “la poesía no sirve para quejarse”,3 pero sí para pensar, protestar, manifestar, dar voz y abrir sentidos donde parece no haberlos, porque “La poesía es tener la convicción / de que transformando el lenguaje / es posible transformar la realidad / La poesía es decir una cosa por otra / y que sea verdad”.4 Y en tanto no poetas, como simples mujeres, tal vez no esté en nuestras plumas, en nuestras manos transformar el lenguaje, pero sí permitir que la poesía nos cambie a nosotras para transmutar nuestra propia realidad y, en ese acto, acompañar y hacernos acompañar de todas las mujeres.

1 Este Jam poético se desarrolló, a iniciativa de Valente Plasencia, durante muchos años en La Nueva Babel, un espacio que por desgracia cerró sus puertas el pasado 2024. Para que no perdiera continuidad este 2025, la Biblioteca Henestrosa acogió el evento.

2 Anahí Mallol, “Cuaderno de Oficio – Poesía y verdad: entre lo que el otro dice y lo que digo yo”. Hablar de Poesía, núm. 47 (2023): https://hablardepoesia.com.ar/2023/07/24/cuaderno-de-oficio-poesia-y-verdad/

2 Mirta Rosenberg, Cuaderno de Oficio (Buenos Aires: BAJOLALUNA POESÍA, 2016).

3 Mirta Rosenberg, “Minúsculo diccionario personal”, en Cuaderno de Oficio.


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