Boletín FAHHO Digital No. 4 (Mar-Abr 2021)

La poesía de los árboles en el paisaje urbano

Mónica Elías Orozco

También los árboles, en primavera,
escriben poesías.
Y los bobos piensan que son flores.

Donato Di Poce

La ciudad es como un poema y cada habitante lo vive desde sus experiencias y percepciones. Está basado en el vínculo entre las personas y el espacio reconocido como público, con todo lo que este abarca: su estructura física y la gente que lo habita.

Este vínculo se forma de múltiples sensaciones y, desde esta perspectiva, el paisaje de la ciudad es un elemento dinámico al que se le ve con diferentes luces, colores, sonidos, olores y con protagonistas que cambian en el tiempo, estructurando la narrativa urbana. Kevin Lynch lo describe desde la experiencia, reconociendo que nada se experimenta en sí mismo, sino siempre en relación con sus contornos, con las secuencias de acontecimientos que llevan a ello, con el recuerdo de vivencias anteriores. Considerando que este escenario urbano tiene entre sus múltiples funciones la de ordenar la percepción del contexto que ha de verse, recordarse y causar deleite, por medio del cual no solo se perciben los mensajes que proporciona el medio ambiente, sino que se es capaz de estructurar aquellos componentes que le son significativos y que proporcionan la formación de una imagen colectiva del espacio o lo que en las personas llamaríamos la “personalidad”. En esta relación, el árbol es un recurso estructurante del paisaje, ya que establece nexos entre la percepción y la cognición, esto es, entre el estímulo sensorial (colores, olores, texturas, etc.) y lo que esto provoca en el recuerdo y memoria de sus habitantes (el paseo con los abuelos, las reuniones familiares, eventos religiosos, algún hecho histórico de la ciudad, entre otros muchos). Esto conlleva a la construcción de la memoria colectiva y a fortalecer a los árboles como símbolos de identidad urbana, cambiando constantemente la fisonomía y coloración de su paisaje, convirtiéndolos en espacios memorables, tanto para los habitantes como para los visitantes.

Indiscutiblemente, su importancia en el ecosistema es invaluable e imprescindible en las ciudades, pero también en los procesos culturales. Por su permanencia a través del tiempo, los árboles tienen un significado social en cuanto a la memoria histórica del lugar, la identidad, su función como estructuradores del espacio urbano, generadores de mensajes mediante sus ritmos y cambios estacionales. Estas propiedades establecen, necesariamente, diversos vínculos con determinadas zonas, otorgándoles significados sociales y culturales que estructuran y dotan de afectos urbanos a dichos espacios, incitando una participación mayor en la vida pública. Estos valores aprovechados de variadas formas lo convierten en un elemento esencial del paisaje urbano.

Si el concepto de poesía refiere a la cualidad de lo ideal que produce un profundo sentimiento de belleza que puede o no expresarse con el lenguaje, la hermosura que imprimen los arboles en el paisaje es, sin duda, poesía. Como diría Rabindranath Tagore: “Los árboles son un esfuerzo sin fin de la tierra para hablar con un cielo que escucha”.

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