Boletín FAHHO No. 22 (Ene-Feb 2018)

LA LECTURA Y LA CONVIVENCIA: ZONA DE ESPERANZA Y ALEGRÍA EN EL ISTMO

Edgar Olmedo

Ndaani’ xquidxe’ nabeza ubidxa, ruxooñe’ lade niaa yoo,
rigui’ba’ ne randagaa lo ca yaga, raze yudé sica ti xcuidi,

ruxidxi ra rugadxe niaa ruaa nisa guiigu’.

En mi pueblo habita el sol,
corre entre las piernas de las casas, trepa y se columpia
en los árboles, se baña de polvo como los niños, sonríe al mojar sus pies a la orilla del río.

Esteban Ríos Cruz

El de noviembre fue un recorrido como ningún otro, el Istmo de Tehuantepec estaba devastado por los sismos del pasado mes de septiembre. Haber tenido la posibilidad de instalar la Biblioteca Móvil de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca en la zona significó contribuir con nuestro granito de arena en la lucha de una comunidad por levantarse de las ruinas. Una comunidad sin igual, orgullosa de sus raíces, costumbres y tradiciones fue puesta a prueba como nunca antes, pero, gracias a su gran corazón, temple y a la ayuda generosa y desinteresada del pueblo solidario de México y otras naciones, está renaciendo fuerte, sabia y más humana que antes. En Asunción Ixtaltepec, Raúl Herrera Meza y Lupita Bante Antonio nos recibieron en su casa, una casa de puertas abiertas donde la solidaridad, la fraternidad, la alegría y la esperanza han hecho nido. Desde ahí se teje una red de apoyo muy bien organizada. Gracias al esfuerzo que realizan todas las agrupaciones que forman parte de esa red, la biblioteca móvil pudo realizar su trabajo sin contratiempos.

En cada una de las comunidades que visitamos el trato fue amable y hospitalario. Nos animaba a corresponder dando lo mejor de nosotros. Las jornadas fueron largas, pero recibir esa energía positiva de quienes lo perdieron casi todo, inundaba nuestros corazones y nos permitió empezar con nuevos bríos cada mañana.

Recorrimos las comunidades más afectadas y pudimos percatarnos de la enorme necesidad de la población, especialmente de los niños, de realizar actividades que les permitieran echar a volar su imaginación, divertirse sanamente, crear, reír y olvidar, aunque sea por unos momentos, su dolorosa realidad.

Los libros, puertas a mundos de fantasía, de ensueño y diversión, transformaron el semblante y el ánimo de aquellos que se acercaron y cruzaron sus umbrales, atreviéndose a emprender un viaje por cada una de sus páginas. De estos pequeños momentos estuvo lleno nuestro recorrido, pequeños sí, pero fueron muchos pequeños momentos de felicidad.

La reconstrucción material y emocional apenas empieza. El camino será largo, pero nuestros hermanos istmeños tienen la certeza de que ese camino no lo harán solos, y que del dolor provocado por la destrucción surgió la enorme posibilidad de mostrar nuestra humanidad y, por lo tanto, sentir en nuestros corazones que aún hay esperanza para nosotros en este increiblemente bello planeta azul.

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