Boletín FAHHO Digital No. 5 (May-Jun 2021)

Incógnitas de una emisión: Serie Pro Universidad

Mónica Ocampo

La capacidad de un museo para proporcionar a la gente de hoy y a la gente
del mañana experiencias con sentido depende de la forma en la que trata a sus colecciones y a la información acerca de las mismas.1

“Catalogar lo que vemos” es una pauta común para todo aquel que colabora en la ardua tarea de registrar las piezas que conforman el acervo de un museo, ya sea de obra plástica, gráfica, objetos, libros o timbres postales.

¿Quién es el autor de la obra?, ¿cuándo se creó?, ¿en dónde se realizó? O ¿cuáles son las características físicas? La información obtenida, por breve que esta sea, permitirá contextualizar la pieza, pero ¿por qué fue hecha? y ¿para qué?

Lo anterior adquiere sentido cuando se catalogan timbres postales: al observar sus características se encuentran variedades que despiertan nuestra curiosidad para indagar más acerca de esa pieza y recurrir a la literatura filatélica.

De acuerdo con el Catálogo Scott, especializado en timbres postales, México cuenta con más de 4 000 piezas, entre emisiones ordinarias, aéreas, semipostales, servicio oficial ordinario y aéreo, entrega inmediata, seguro postal, complementarios, porte de mar, bultos postales, beneficencia, provisionales y revolucionarios; emitidos desde 1856 hasta la fecha. Actualmente, el Repositorio Digital FAHHO reúne más de 2000 piezas de la colección México, resguardados en el Museo. Se trata de un gran legado de la filatelia mexicana comprendida en los periodos clásico, antiguo, revoluciona rio y moderno. Recientemente, se inició la digitalización de los timbres postales del siglo XXI.

Esta colección posee piezas de gran interés, ya sea por tratarse de las primeras emisiones, o porque su motivo representa algún personaje célebre o acontecimiento histórico; si bien cada una ha sido realizada con un objetivo propio, existen casos de emisiones postales que, entre los coleccionistas, resultaron polémicas.

Tal es el caso de la serie Pro Universidad, autorizada por decreto del presidente Lázaro Cárdenas del Río, a beneficio de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1934. Se trata de una emisión semipostal que marca el inicio del cambio de poderes gubernamentales y, “filatélicamente” hablando, se identifica un cambio relevante en los valores faciales pues, por primera vez, se ponía en circulación un timbre con valor de 20 pesos y dos de 10 pesos. El propósito de esta serie fue recaudar 600 mil pesos para el Patronato Pro Universidad pues, al poco tiempo de haber adquirido su autonomía, la universidad se encontraba en una difícil situación económica.

Los motivos postales que conforman esta serie son: madre indígena, flechador, cabeza de indio, alfarera decorando, mujer otomí con floripondio, alfarero y escultor azteca, platero, la ofrenda floral y una paloma, que corresponden a los valores de 1, 5, 10, 20, 30, 40 y 50 centavos, 1, 5 y 10 pesos, respectivamente. En los timbres postales del correo aéreo destacan los diseños del volcán Nevado de Toluca, las Pirámides del Sol y la Luna en Teotihuacán, México, el Ajusco, los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, el camino de Acapulco y el Puente Papagayo, el Castillo de Chapultepec, el volcán del Pico de Orizaba y, por último, la representación de una mujer y el calendario maya. Los valores emitidos en los timbres aéreos fueron de 20, 30, 50 y 75 centavos; 1, 5, 10 y 20 pesos. En total fueron 18 valores de la serie.

El del valor más alto es considerado por los filatelistas uno de los timbres más atractivos del periodo moderno de la filatelia mexicana, conocido como “el 20 pesos Universidad”. Los coleccionistas calificaron las características de esta emisión como “especulativas”, pues el valor elevado sobrepasaba las tarifas postales de la época.

Tanto el valor de 10 pesos con el motivo de la ofrenda de una paloma, como “el 20 pesos Universidad”, tuvieron una corta tirada, el primero solo tuvo 1 000 ejemplares y el segundo 1 500, motivo por el cual las piezas son de difícil adquisición para los coleccionistas, pues, como se mencionó, el propósito era solo recaudar cierta cantidad para recuperar la economía de la institución en el periodo de tres meses en el que se pusieron en venta, de septiembre a noviembre de 1934. Sin embargo, se sabe de variedades de color y ausencia de marcas de agua que ponen en duda el número real de ejemplares, pues se piensa que debió existir otro tiro no oficial, es decir, no emitido precisamente para fines filatélicos. Al identificar las variedades de piezas en los catálogos especializados puede verse que se cotizan en el mercado filatélico con valores muy elevados.

Otra característica de esta serie es que, por primera vez, se indicaba el uso obligatorio del menor valor de 1 centavo para el envío de toda correspondencia durante el periodo vigente de la serie.

Y es precisamente aquí donde la digitalización de las colecciones juega un papel importante, ya que permite reunir, en un mismo lugar, todas las emisiones que conforman una serie filatélica, aunque estas, a su vez, formen parte de distintas colecciones del acervo. Nuestro principal objetivo es difundir la filatelia de todo el mundo.

Fernández Terán, Carlos, Catálogo de estampillas postales de México, 1956 – 1996. 140 años de la estampilla postal mexicana. México, Secretaría de
Hacienda y Crédito Público, 1997.

Scott Standard Postage Stamp Catalogue. Vol. 4. Maine, J-M. Scott Publishing Co., 2015.

1 Lord, Barry y Gail Dexter. Manual de gestión de museos. Arte y Patrimonio. Ariel. Barcelona España, 2010. p. 79


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