Gente que lee*

Estuve en esta ciudad de Oaxaca para las vacaciones de fin de año y Día de Reyes. Visité la Librería Grañén Porrúa entonces y, hoy, que vuelvo a cruzar el umbral, recuerdo que dejé una nota pendiente (pendiente de colgada, aquí en el mesanín de hierro). A principios de año vinimos de paseo mi madre, mi padre, mi hermana mayor y yo. Hoy, más por azar que por gusto, volvemos únicamente mi madre y yo.
La cajera no nos reconoció, pero yo a ella sí. A veces encuentro extraño que las personas no me resulten extrañas, y que les salude como a la vecina que veo por la mañana al salir de casa, y por la noche al volver. Llegué preguntando: “¿Qué tal?, ¿cómo estás?, ¿cómo ha ido este año?, —que parece un siglo—”. Nos reímos. Sus compañeros estaban alegres, como buscando algo entre los libreros. O quizás estaban acomodando; el gesto es el mismo: sacar los títulos del estante, mirarlos y sospechar si se encuentran en el mueble correcto: yo igual me preguntaría si 1984 va en Clásicos o en Ciencia Ficción, o en autores británicos nacidos en otro país. La de diversión que han de tener.
De pronto, mientras cruzo lentamente de la primera sala hacia la de piso amarillo, me pregunto si puede hacerse feng shui en una librería. Intuyo que la respuesta es sí, porque estoy viendo que aquí lo hacen con mucho gusto. Ahora el mueble de las gorras está de frente, como un espejo de su anterior posición; la caja se redujo, y enmedio de la sala amarilla se formó un pasillo largo de libros. La de Poesía, que es la sección que siempre busco, ahora está arriba. Es lindo acomodarse en este pasillo de hierro mientras ves lo que sucede allá abajo, con un libro de poesía en las manos. Aunque suene a pleonasmo.
Mamá encontró la sección de Pensamiento Político también aquí arriba, así que estamos revisando desde lo alto de esta nave. De igual manera ella se ha dado cuenta y me señala: “¿Verdad que esta mesa no estaba aquí? Esos cuadros también son nuevos, ¿cierto? Están muy lindos, a tu hermana le gustaría llevarse ese quetzal”.
Es curioso que una librería no solo sea de libros, sino de sensaciones, de instantes y de movimiento. De obra gráfica, blusas, libretas, artesanías, de flores blancas y sillas a mitad de la sala, como el hogar. Dije que tenía una nota pendiente, pero no es esta, apenas la estoy encontrando.
* Colaboración 2/2