Boletín FAHHO Digital No. 67 (Oct 2026)

El tren que marcó la hora

Diana Pascual
Fotografía: Acervo del Museo Infantil de Oaxaca

Aunque es difícil de imaginar, existió un momento en la historia en el que el tiempo era una medida local. La hora del día era dada por la posición del sol en el cielo, los primeros relojes mecánicos en las plazas principales o el repique de las campanas de la iglesia del pueblo.

Esta forma de medición, más práctica que técnica, era útil para organizar la vida diaria de una población. En ese entonces los viajes largos eran escasos, por lo que la diferencia horaria producida por los traslados entre una población y otra tampoco resultaba particularmente significativa. Sin embargo, los avances tecnológicos en materia de transporte cambiaron las dinámicas de movilidad, traslado y por supuesto, la percepción del tiempo.

Fue la aparición de los ferrocarriles y su capacidad de conectar territorios uno de los principales motivos que exigió adoptar una sola forma para medir el tiempo. En la ausencia de un parámetro estándar era común que los pasajeros perdieran los viajes, existiera una deficiente coordinación entre las horas de salida y llegada de los trenes e incluso eran frecuentes las colisiones al usar la misma vía de tránsito. Este cambio, por supuesto, fue paulatino, y un resultado de los múltiples retos operativos de los trenes en funcionamiento.

Inglaterra, como el primer país que desarrolló un sistema ferroviario nacional, fue el pionero en adoptar esta nueva “hora ferrocarrilera”, que tomó como parámetro estándar la hora dada por el Observatorio Nacional de Greenwich. A esta medida de estandarización nacional le siguieron Estados Unidos y Canadá, que pasaron de tener 144 horarios diferentes a una sola hora para ambas naciones en 1878.¹

Por su parte, México hizo lo propio. Las compañías ferroviarias que operaban al interior de la república fueron las primeras en adoptar un horario nacional a partir de la información que compartía el Observatorio Astronómico Central.

Marco Arturo Moreno Corral, en el libro Los husos horarios en México (2001), relata cómo en 1890, Pedro Noriega y Pedro Benítez propusieron, ante la sección neoleonesa de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la unificación de la hora en toda la nación. Sin embargo, dicha medida fue considerada y puesta en vigor treinta años más tarde.

A medida que el país se modernizó y su conexión fue cada vez más frecuente con los países vecinos, la hora nacional fue sustituida por los protocolos internacionales que establecen el sistema horario mundial. El decreto que alineó la medida del tiempo de México con el resto del mundo entró en vigor el 1 de enero de 1922 durante la presidencia de Álvaro Obregón.²

En un principio, México quedó adherido al sistema de husos horarios a partir del meridiano 105° al oeste de Greenwich. Sin embargo, el sistema ferroviario obligó en más de una ocasión a modificar los husos horarios de referencia. Un ejemplo de ello sucedió en 1923, cuando se cambió el meridiano de referencia del 105° al 120°; para 1924, la referencia volvió a cambiar al meridiano 90°, medida que exceptuó a los ferrocarriles que corrían entre Veracruz y Oaxaca.

Para 1927, el país volvió a quedar unificado por un mismo huso horario hasta que Pascual Ortiz Rubio dividió al país en tres horarios: la hora del golfo, regida por el meridiano 90° al oeste de Greenwich; la hora del centro, medida a partir del meridiano 105°; y la hora del oeste, fijada a partir del meridiano 120°.

En 1948 con el Plan Alemán de Rehabilitación Ferroviaria en marcha, Miguel Alemán Valdés hizo una nueva modificación: Baja California fijó su hora a partir del meridiano 120° a fin de procurar las relaciones de importación y exportación que mantenía con Estados Unidos y Canadá a través de los ferrocarriles. Finalmente, en un nuevo esfuerzo por estandarizar la hora nacional, el 13 de agosto de 1997, el presidente Ernesto Zedillo estableció los husos horarios que continúan vigentes actualmente.

Esta breve revisión histórica sobre la medición del tiempo evidencia que aunque hoy parece que el tiempo es una medida objetiva, la aplicación y estandarización de este en el mundo moderno fue, en gran medida, una respuesta a las necesidades de los ferrocarriles.

En el caso mexicano, los husos horarios, los meridianos de referencia y las modificaciones de la hora oficial han respondido a necesidades de movilidad, comunicación y comercio. El tiempo puede medirse con precisión, pero la manera en que decidimos organizarlo y utilizarlo continúa respondiendo a las necesidades humanas.

Como cada año, el Museo Infantil de Oaxaca se detiene a reflexionar sobre algún aspecto de la historia del ferrocarril, en conmemoración del Día del Ferrocarrilero, que se celebra el 7 de noviembre. En esta ocasión hacemos alusión al tiempo, y a cómo fue que la máquina locomotara influyó en la percepción y la implementación de los husos horarios en diferentes partes del mundo, especialmente en Oaxaca.

1 Brown, L. How railroads inspired the creation of time zones. BBC (noviembre 2024) https://www.
bbc.com/travel/article/20241115-how-railroads-inspired-the-creation-of-time-zones

2 SIID División de Política Social. “Horario de Verano. Antecedentes y legislación comparada”. (s/f). Gob.mx. https://www.diputados.gob.mx/bibliot/publica/inveyana/polisoc/horver/conte.htm


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