El nuevo hogar de los Guerreros de Oaxaca

Un inmenso manto bordado en añil evoca el abrazo de Alfredo Harp Helú para cubrir a su amada Oaxaca. El nuevo hogar de los Guerreros de Oaxaca emerge en esa tierra vibrante: el Estadio Yu’va, en cuyo nombre mixteco resuena el eco antiguo del juego de pelota.
Hay momentos afortunados en los que la voluntad de muchas personas se conjuga para el bien común. Este es uno de ellos, el cual celebra la alianza entre la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, la Fundación Alfredo Harp Helú y los Guerreros de Oaxaca para hacer posible un sueño colectivo: fortalecer la educación, la cultura y el deporte, especialmente el beisbol, en el estado.
El Estadio Yu’va es un regalo de Alfredo para compartir un sueño con quienes, desde todos los rincones de Oaxaca, anhelaban un espacio de encuentro. Pero este jonrón va más allá del juego: es un lugar concebido para la unión, donde los aficionados portan con orgullo la camiseta de Oaxaca, echan porras, ríen, cantan, callan, gritan, sufren y conviven. Aquí las historias no solo se recuerdan, también las seguimos escribiendo juntos.
En este proyecto se ha puesto alma, corazón y vida; es un homenaje a la cultura de Oaxaca que se percibe en las manos de los artesanos que han llenado las paredes de ladrillos. En las butacas forman grecas teñidas con tonos de grana cochinilla, esos rojos profundos nacidos de esta tierra que alguna vez pintaron el mundo. Y también en la memoria del antiguo Estadio José Vasconcelos, que sigue vivo gracias a que se respetaron e integraron su fachada y sus gradas originales a este nuevo espacio.
Alfredo ha querido legar a Oaxaca uno de los estadios más modernos y hermosos de nuestro país; con capacidad para poco más de diez mil personas y tecnología de punta de una calidad excepcional. Basta con mirar la gran pantalla, escuchar la fidelidad del sonido y apreciar el sistema de iluminación. En este proyecto, concebido magistralmente por el arquitecto Joao Boto Caeiro y edificado por la Constructora GIA, han trabajado más de dos mil personas. A todos ellos, así como a los supervisores de la obra, se les reconoce haber entregado no solo su trabajo, sino su compromiso para lograr esta obra en un tiempo récord.
Desde tiempos remotos, los tlacuilos de Oaxaca pintaron en los códices las más hermosas imágenes del juego de pelota. Y hoy, a más de quinientos años, los artistas continúan ese legado en el Yu’va. Sus obras dialogan con el público y llevan consigo la fuerza de una tradición que se transforma sin perder su raíz. Mientras el estadio vibre al son de los batazos, el arte se volverá parte de la experiencia colectiva, recordándonos que la belleza ancestral sigue viva y que en ella podemos reconocernos.
Yu’va es más que un estadio de beisbol, es un sitio que nos acoge para expresar: “Somos tierra, somos juego… aquí seguimos, latiendo juntos”.