Boletín FAHHO No. 18 (May-Jun 2017)

ALMAS BORDADAS: VESTIDO Y ORNAMENTO EN EL ISTMO DE TEHUANTEPEC

Rosa Pineda Luna

En el Istmo de Tehuantepec, región del estado de Oaxaca ubicada en el sureste mexicano, las mujeres tienen una presencia significativa debido principalmente a la elegancia y orgullo con que llevan su vestido, el cual es uno de los “trajes” más vistosos y atractivos de México. La imagen de estas mujeres vestidas con su traje ha sido plasmada reiteradamente por artistas plásticos y cineastas, tanto nacionales como extranjeros. La tehuana o istmeña, nombre que se le da a las mujeres de esta región, no se sujeta a ningún parámetro de la moda occidental. Es ella quien crea su propia “moda” con un código de color en donde, entre el huipil (blusa) y la enagua (falda), predomina el contraste entre colores vivos, no habiendo reparo alguno en contrastar morado con verde, o bien, usar telas estampadas con flores junto con telas de estampado cuadrado o rayado. Desde luego, para las fiestas: telas lujosas con mucho adorno y con mucho brillo, “más es mejor” dicen ellas. Sólo para el duelo o la iglesia son discretas, usan colores y telas obscuras. Dentro de su código de vestimenta, saben perfectamente qué usar y qué no usar para cada ocasión.

Para la istmeña, el vestido es su forma de ser, de vivir y convivir. Es la imagen que ella construye para sí misma y que quiere proyectar para los demás. Razón por la que gran parte de las ganancias de sus actividades comerciales (que son a las que más se dedican) las destina para comprar alhajas, que además de ser ahorro, son para ella prestigio social. La mayor inversión, sin embargo, se va a la compra de las telas finas por las que sienten fascinación, así como a los hilos y el pago a las bordadoras y bordadores que son quienes hacen realidad el vestido que ella ha conceptualizado. El vestido de la istmeña, o traje de tehuana, ha sufrido innumerables transformaciones dado el carácter abierto, curioso y emprendedor que tienen estas mujeres que han asimilado las nuevas telas y materiales que llegan de fuera, pero siempre adaptándolas a sus concepciones vestimentarias, lo que ha hecho que las mujeres de estos pueblos indígenas sean de las pocas que aún usan su vestido regional no sólo para fiestas o para actos públicos y políticos, sino en su vida comunitaria diaria.

En la actualidad, existen diferentes modalidades para el uso del vestido debido al alto costo de las telas y materiales. Esta diversificación ha sido uno de los elementos que ha fortalecido y conservado la indumentaria local, pues permite que las mujeres que no puedan comprar un traje bordado a mano o a máquina (que son de alto costo), puedan adquirir uno pintado, ornamentado con listones o con adornos aplicados sobre alguna tela brillosa, o bien, elaborados a partir de alguna tela brillosa que ya se venden en los mercados del Istmo.

La vida de la istmeña transcurre en su casa, en el mercado —que es su espacio por excelencia al que va a vender, a ver a las amigas y a dejarse ver, a comprar y a enterarse de las buenas nuevas de la comunidad— pero también está presente en las fiestas, funerales, bodas y bautizos. En todos estos espacios está siempre vestida con “su” huipil y con “su” enagua, ya que estos, además de cubrirle el cuerpo, la significan haciéndola muy visible, puesto que ella ha hecho de su “traje” el garante identitario de la historia, pero sobre todo, de la cultura de estos pueblos.

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