Boletín FAHHO Digital No. 58 (Ene 2026)

Abejas

Rubén García
Manipulación de colmenas. Fotografía: Eduardo González

El proyecto abejas de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca inició en septiembre de 2024, con la idea de conservar, conocer y proteger al insecto más importante para la vida en el planeta Tierra. En este proyecto trabajamos con Abejas Melíferas y Abejas Meliponinas. Las primeras son las abejas más conocidas: amarillas con anillos negros, que pican y que producen una mayor cantidad de miel. Las Meliponinas son abejas que se ubican en ecosistemas tropicales, no pican, y hay de diversos tamaños: pequeñas, medianas y algunas especies son de dimensiones similares a la Melífera; la mayoría de estas abejas son negras, cafés y otras pocas amarillas con negro. Hay alrededor de 500 especies de Meliponinas, cuya existencia se desarrolla en ecosistemas tropicales donde viven gracias a la creación de un flujo genético que permite su reproducción (estas abejas no sobreviven fuera de dicho flujo y ecosistema).

La Abeja Melífera —también conocida como Abeja Europea— recorre alrededor de cinco kilómetros, es gran productora de miel y de cera (se dice que fue introducida al continente americano principalmente por la producción de cera, la cual era indispensable para las actividades eclesiásticas). Las obreras viven alrededor de cuatro o seis semanas, mientras que la abeja reina puede vivir hasta cinco años; una de sus principales características es que tienen aguijón, con el cual se defienden cuando se sienten amenazadas. Desde mi punto de vista, su subsistencia se basa precisamente en su aguijón: si no poseyeran ese mecanismo de defensa, el ser humano ya hubiera acabado con ellas.

En su mayoría, las Abejas Meliponinas —también conocidas como abejas sin aguijón— producen poca miel; algunas especies elaboran algunos mililitros al año, y muy pocas alcanzan los dos o tres litros en el mismo periodo de tiempo. Su principal depredador es el humano, pues es común que la gente obtenga la miel por medio de la rapiña y destrucción de las colmenas. No obstante estos peligros, se trata de una especie muchas veces ignorada y poco conocida, ya que no es una gran productora de miel. Por estas razones se ha convertido en una abeja en alto peligro de extinción. Existe poca bibliografía y conocimiento sobre ella, pero sabemos que los mayas fueron una de las culturas que más trabajó y conoció de estos insectos. Es gracias a su pequeño tamaño que logra la polinización en flores diminutas, la cual es más profunda en plantas; su miel es agridulce, casi líquida y contiene una mayor cantidad de propiedades medicinales.1

Todas las abejas son productoras de cera, miel, polen y propóleo; estos productos contienen propiedades medicinales, antibacterianas, energéticas, antioxidantes, probióticas, entre otras, gracias a los compuestos bioactivos que las abejas producen a partir de fuentes botánicas extremadamente ricas. Es por ello —y por ser los mayores polinizadores— que es considerada como la especie más importante en el planeta, pues el 80 % de los alimentos depende de la polinización: así de grande es la importancia de la abeja. Cuando digo que los beneficios son infinitos es porque hasta el veneno de abeja —al cual la mayoría de las personas temen— es medicinal; la apitoxina —sustancia que se desprende a través del aguijón— es utilizada para atender una infinidad de enfermedades, por ejemplo, el tratamiento de la artritis, además, posee propiedades anticancerígenas.

Uno de mis objetivos al escribir este texto es crear una cultura de respeto y protección de las abejas, inspirar a que las personas se sientan bendecidas cuando llegue una colmena a su casa y, de ser posible, impulsar a que se vuelvan apicultores. Es lamentable que en la actualidad la mayoría de nosotros no tengamos acceso a la miel pura de abeja: ese elixir de la vida. Es muy desafortunado que le temamos a este ser tan maravilloso. Creo que la naturaleza es tan sabia que solo necesitamos observar y aprender de ella, por eso me es incomprensible que uno de los mayores temores para el humano sea sufrir la picadura de una abeja, cuando él es el responsable de la destrucción de cientos de especies animales y vegetales. Pienso que uno de los principios básicos para la vida es aprender a respetar a la naturaleza, pues ella es la vida, la proveedora de todo lo elemental para vivir.

Nos queda un gran futuro por delante. Por mi cabeza se cruzan varias ideas, entre ellas, una me dice que cada municipio debería tener un espacio exclusivamente destinado a la conservación de las abejas, formar un equipo propio de apicultores encargado del rescate de colmenas, y destinar la cosecha de miel a los niños de las escuelas. Con la realización de esta propuesta también se lograría obtener áreas de reserva ecológica.

1 Para mayor información sugiero consultar Noemi Arnold, Raquel Zepeda, et. al., Las abejas sin aguijón y su cultivo en Oaxaca, México con catálogo de especies, Chiapas: El Colegio de la Frontera Sur, Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, 2018.


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