Boletín FAHHO Digital No. 32 (Nov 2023)

A Henestrosa con afecto

Fernando Lobo

Por más amplio y diverso que sea su catálogo, una biblioteca personal es siempre la expresión del lector que la formó. La selección de los títulos podrá implicar gustos, tendencias generacionales, afinidades ideológicas, caprichos estéticos o simples curiosidades, y si este lector es además un escritor, el acervo revela también ciertos rasgos del oficio literario. Al caminar entre las estanterías, algún visitante puede extraer cualquier tomo al azar, abrirlo desde la portadilla y hallar algún autógrafo, una dedicatoria o comentario que nos descubra, en cierto modo, el mundo en el que se movía este lector llamado Andrés Henestrosa.

Hay, por ejemplo, una edición publicada en 1951 de Canto general, canónico poemario de Pablo Neruda, autografiado por el poeta chileno con un tono claramente afectuoso que incluye a la familia del escritor de Ixhuatán: “Para Andrés, Alfa y Cibeles, su amigo de todos los tiempos”. Referencias a largas amistades aparecen también en la portadilla de Las vueltas del tiempo, de Agustín Yáñez: “En el recuerdo de cara de niño, cuando te conocí; en la sucesión de imágenes y espejismos”. Y en Return Ticket, colección de prosas narrativas, Salvador Novo lleva la cuestión del tiempo hasta la hipérbole: “ desde los tiempos remotos hasta siempre”.

Otros autores muestran una cordialidad más bien fría, como Octavio Paz y Luis Cernuda, quienes escribieron, letra por letra, la misma dedicatoria en El ogro filantrópico y La realidad y el deseo, respectivamente: “A Andrés Henestrosa, su amigo…”. En una época en la que muchos literatos eran también funcionarios públicos, este tono diplomático se repitió con algunas variantes en otras dedicatorias redactadas de puño y letra por sus autores, y en ciertos casos la corrección política supera las demostraciones de afecto, como en lo anotado por Mario Moreno “Cantinflas” en su primera y (afortunadamente) única novela, Su excelencia: “Para el lic. Andrés Henestrosa, con toda mi estimación”.

Caso distinto es el de Elena Poniatowska, cuya dedicatoria registrada en un ejemplar de Hasta no verte Jesús mío, menciona a Alfa, esposa de Andrés, y asegura que “se acuerda harto” de ellos cuando escucha hablar de Tehuantepec. Poniatowska se tomó el tiempo de decorar la portadilla dibujando series de flores con un plumón. Por su parte, Torres Bodet, al firmar un ejemplar de su libro Rubén Darío, expresa elogios sutilmente exagerados: “Al afamado ensayista, antiguo dueño de mi admiración”.

Hay un libro titulado Renato Leduc y sus amigos que, en efecto, aborda la vida social de Leduc. La autora, Oralba Castillo, dedica unas sencillas líneas a Henestrosa: “Con el gusto de compartir con usted este trabajo”, pero el gusto no fue compartido. En la misma página, debajo del autógrafo, Henestrosa apunta: “Pésimo libro, plagado de faltas de ortografía, ¿cómo puede una persona escribir algo así y publicarlo?”.

En efecto, a veces Henestrosa hacía anotaciones en los libros de su biblioteca para comentar un texto o criticarlo, para contar alguna vivencia cotidiana (como si la biblioteca fuera un diario íntimo), o para dar fe de los orígenes del tomo. En un ejemplar de Palindroma, colección de artificios literarios escritos por Juan José Arreola, hay una dedicatoria anotada por este autor en la página 3, con fecha 1978: “A Víctor, con el afecto de su tal vez más viejo amigo”. No se sabe quién es Víctor, pero en la página 2 se lee una nota posterior de Henestrosa: “Adquirido, como obsequio de V.G.A, hoy, sábado, 2 de dic. de 1985. Las mías serán tan buenas y tan amorosas como las manos de su primer dueño”.

Así, entre elogios y autoelogios, amistades largas, cordialidades frías, críticas demoledoras y meros comentarios al margen, estas notas escritas con bolígrafo y letras apresuradas, muestran ciertos rasgos en la personalidad de lectores y escritores, que de otro modo serían imperceptibles.


Lo sentimos, la página que buscas no existe.

¡Muchas Gracias!
En breve nos pondremos en contacto contigo.