Adabi en Michoacán: rescatando la memoria documental eclesiástica

La historia de la Iglesia católica en México se remonta a la llegada de los evangelizadores que acompañaban a los conquistadores. La relevancia de conocerla, estudiarla y, por ende, resguardarla radica en su valor dentro de la conformación de la identidad nacional, el sincretismo cultural y el peso relacional entre el poder civil y el religioso, que llevó a la conformación del Estado laico. Esta concepción es, en parte, la base que sustenta los años de trabajo que el equipo de Adabi lleva dentro de los archivos eclesiásticos; su rescate y organización le han dado, además, el reconocimiento de la institución religiosa. Un ejemplo claro de ello es el otorgamiento de la presea San Rafael Guízar y Valencia en 2022 por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
En lo que va del último lustro, Adabi ha enfocado sus esfuerzos en un proyecto un tanto ambicioso, pero bien planeado: el rescate de los archivos parroquiales de la Arquidiócesis de Morelia. La primera etapa, que concluyó a inicios de 2026, consistió en la organización de los archivos de 36 parroquias. El éxito de la labor fue tal que la asociación entabló, nuevamente, conversaciones con la Arquidiócesis con el fin de dar continuidad al trabajo y marcar la pauta para iniciar una segunda etapa de labores de rescate en junio pasado.
El equipo encargado de realizar los trabajos de rescate está conformado por dos personas que no solo están capacitadas para esta labor, sino que además comparten el interés de Adabi por la preservación de la memoria documental eclesiástica del estado de Michoacán.

En dos meses se ha logrado el rescate de los archivos de dos parroquias: San Pedro y San Pablo, en Zinapécuaro, y los Santos Reyes Teremendo; además, existe un tercer archivo que se encuentra en proceso de recuperación: el de Nuestra Señora de los Remedios, en Zitácuaro. La importancia de estos archivos radica en su antigüedad, ya que dentro de su documentación se encuentran expedientes de diversa índole que datan del siglo XVII. Por otro lado, cabe agregar que se trata de una región de gran relevancia por su temprana evangelización marcada por la presencia de Vasco de Quiroga (1470-1565), primer obispo de Michoacán, figura clave para la organización social y cultural en aquella época.1
En próximos boletines daremos cuenta de los avances de este gran proyecto, así como de los testimonios del equipo que se encuentra trabajando para lograr los rescates de tan importantes archivos.
1 Muy conocidas son las hazañas de Quiroga en pro de la educación de los indígenas. Fue un letrado legista que fungió como abogado y juez en España; ya en territorio de la Nueva España, se desempeñó como oidor. Una de sus más importantes contribuciones consistió en la puesta en práctica de algunas ideas de la Utopía de Tomás Moro, al fundar los pueblos-hospital; estos lugares eran más que casas de curación para los enfermos, ya que cumplían diversas funciones comunitarias y servían de habitación. El primero de ellos (ubicado cerca de la Ciudad de México) sirvió como un ensayo para la instauración de los siguientes, cuando Quiroga ya había sido nombrado obispo de Michoacán. Véase Fernando Campo del Pozo, “Don Vasco de Quiroga promotor de la educación indígena”, Revista Historia de la Educación Latinoamericana, vol. 13, 2009.