Poesía contra la desolación Elena Jordana en la Henestrosa

De manera simple podemos afirmar que una biblioteca es un acervo; es decir, un conjunto de bienes culturales —en este caso, libros— acumulados por tradición o herencia. El acervo de la Biblioteca Andrés Henestrosa se fundó hace veintidós años a partir de la colección del autor ixhuateco al que debe su nombre, a la cual se han ido sumando distintas colecciones que han enriquecido la diversidad literaria al servicio de nuestros lectores.
Es difícil precisar si los libros nos encuentran o si, por el contrario, somos nosotros quienes vamos a su encuentro. Lo que sí podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, es que dos caminos se cruzan en ese momento: el del libro y el del lector. Por una parte, está el trayecto del libro, que comenzó cuando el autor lanzó al mundo una obra derivada de lo más humano de su ser. Por otra parte, el lector, como sujeto, está atravesado por experiencias, conocimientos e intereses que determinan la afección que el libro ejerce en él.
El libro puede llegar a nosotros por múltiples vías: por recomendación de un lector aventajado, por la exploración del lector o, en una suerte de milagro, por el hallazgo. Adentrarse en una biblioteca exige estar preparado para la sorpresa y el encuentro. En este caso, el hallazgo se presentó mientras revisaba el acervo de la Colección Andrés Henestrosa: la obra de Elena Jordana (Buenos Aires, 1934), poeta argentina que, en 1971, antes de radicar en México, vivió en Nueva York, donde tomó talleres de poesía con Nicanor Parra y fundó una editorial cartonera a la que llamó Antiediciones Villa Miseria.
Antiediciones Villa Miseria procuraba la difusión de la expresión poética en soportes y formatos que transgredían las convenciones, recurriendo a materiales de bajo costo para materializar una poética propia. Hablamos de libros impresos en mimeógrafo y esténcil, con portadas de cartón reciclado y papel estraza o kraft en su interior, con tirajes de apenas 250 ejemplares y sin engrapar: sus páginas se sujetaban por un mecate delgado. La propuesta antieditorial de Villa Miseria se adelantó varias décadas a proyectos como Eloísa Cartonera, fundada en 2003 por el poeta Washington Cucurto, cuyos integrantes han sido considerados pioneros en el uso de cartón reciclado para la confección de libros.
En el acervo de la Biblioteca Henestrosa se encuentran dos de los cuatro poemarios publicados a lo largo de la vida de Elena Jordana: S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados. El primero fue publicado bajo el sello de Antiediciones Villa Miseria; el segundo obtuvo el Premio de Poesía Aguascalientes en 1978, convirtiendo a Jordana en la primera mujer en recibir este reconocimiento.
Tras obtener el Premio Aguascalientes, Elena Jordana fue entrevistada por el periodista Sergio Monsalvo. En esa conversación definió su obra de la siguiente manera:
Mi primer libro [S. O. S. Aquí New York] fue completamente negativo, crítico, destructivo; hacía pedazos todo lo que me parecía mal. Tenía entonces 25 años y me imaginaba como mujer de 50, vendiendo como histérica empleada de una tienda neoyorquina, o borracha en un parque o encerrada en mi cuarto. En ese entonces veía muy desolado mi futuro.
Y añadía:
No es que no haya seres humanos en Nueva York; es que están demasiado atrapados por el sistema, endurecidos, y hay poco espacio para las relaciones humanas verdaderas. En S. O. S. era la vida desolada, alienada, dura y angustiante de Nueva York. En Poemas no mandados están los antihéroes: el hombre que va a su oficina, que no es célebre en nada, que tiene tics por donde explotan las neurosis de su mujer, la indiferencia de sus hijos, el mal salario que le pagan en su trabajo. Está la mujer a la que ves con una cara desolada en una banca de Reforma, una mujer de 50 años de quien imaginas su pasado, pero sobre todo el futuro que le depara: la soledad.
Elena Jordana, con su poética cruda y desolada, captura las tensiones de un mundo marcado por la angustia existencial, la alienación y la lucha de los individuos por encontrar un resquicio de humanidad en medio de la rutina. S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados son dos ventanas a un universo sombrío y profundo, pero también constituye una crítica desgarrante de nuestra realidad, tanto personal como colectiva.
Al leer su obra, nos enfrentamos a un espejo que refleja nuestras propias ansiedades, pérdidas y pequeños actos de rebeldía frente a un sistema que a menudo parece aniquilar las relaciones genuinas y la esperanza. Su escritura nos invita, con un estilo singular y una mirada desencantada, a sumergirnos en el flujo de sus versos y a reconocer, acaso, algo de nosotros mismos en sus palabras.
Por ello, si deseas explorar la poesía de una de las voces más auténticas del siglo XX, te invitamos a acercarte a S. O. S. Aquí New York y Poemas no mandados. Estos poemarios no solo reflejan la lucha individual, sino que también convocan a repensar nuestra existencia, nuestra relación con el entorno y, sobre todo, con nosotros mismos. La Biblioteca Andrés Henestrosa pone a disposición de sus lectores estas obras literarias, que prometen abrir no solo nuevas rutas de lectura, sino también una comprensión de la poesía como acto de resistencia frente a la deshumanización.