Boletín FAHHO Digital No. 61 (Abr 2026)

Cuando un inventífero cobra vida

Gerardo Rodríguez
Ezra admirando su inventífero. Fotografía: Acervo MIO.

La criatura se llama Tomi. Es tan grande que, según su creador, podría medir “de piso a techo”. Vive en lugares llenos de piedras, cerca de bosques donde conviven árboles y animales. Combina rasgos de varias criaturas: patas de gato, dos cuellos largos como serpientes, cola de pez o de ajolote, y una personalidad que mezcla lo juguetón con lo dormilón.

Tomi no nació en un laboratorio ni en el gabinete de un viejo hechicero. Nació en la imaginación de Ezra García, un niño que desde hace algunos años asiste a los talleres del Museo Infantil de Oaxaca y que participó en la convocatoria de los Inventíferos Peludos 2025, lanzada en junio del año pasado por el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), Francisco Toledo A. C. y el Museo Infantil de Oaxaca. Por medio de esta convocatoria se invitó a niñas y niños, como Ezra, a imaginar y dibujar una criatura fantástica a la que artistas especializados en afelpado darían vida en sus talleres, transformando la imaginación infantil en un objeto real.

“Los dibujos que hacía se parecían mucho a otras cosas”, cuenta Ezra. “Y yo quería que no se pareciera a nada”.

Esa búsqueda de algo completamente original se convirtió en Tomi, un proceso creativo que comenzó una noche cualquiera. Ezra estaba acostado en su cama, sin sueño, mirando las formas en el techo de su cuarto. En su mente comenzó a formarse una figura extraña: algo parecido a un caballo con patas de araña, un cuello largo con rayas y una cola que recordaba a la de un pez. No lo dibujó en ese momento. Primero se durmió. Pero, al despertar, lo recordó y comenzó a dibujarlo. Así empezó a tomar forma su criatura.

Para un artista como Ezra, imaginar seres no es algo extraño. Desde pequeño le gusta dibujar y pensar en animales fantásticos, criaturas con comportamientos propios, lugares donde habitar y personalidades muy claras. Tomi, por ejemplo, es dormilón, juguetón y curioso. Vive en un entorno natural y, aunque puede parecer grande e imponente, en realidad tiene algo de animal doméstico en su comportamiento.

Cuando supo que su criatura había sido seleccionada y que sería convertida en una pieza real, la sorpresa fue enorme. “No pensé que fuera a ganar”, cuenta. “Un día llamaron a mi papá, contestó y me dio el teléfono. Yo no sabía qué hacer, nunca me habían llamado por teléfono. Nos invitaron al CaSa. Yo pensé que iba a ser más pequeño, pero es enorme”.

Más allá del tamaño del lugar, lo que más le impactó fue saber que artistas profesionales estaban trabajando en una criatura que había salido de su imaginación. “Me sentí orgulloso de mí mismo por estar con personas que son profesionales”, dice.

La experiencia de ver a Tomi transformado en un objeto tangible fue distinta a cualquier otra cosa que hubiera imaginado. Aquello que antes existía únicamente en su cuaderno ahora podía tocarse, observarse desde distintos ángulos, ocupar un espacio en el mundo. Para un niño que dibuja, esa transición es pura magia.

Pero también habla de una cualidad más profunda: la importancia de que existan lugares donde las ideas de los niños puedan tomar forma. Desde hace algunos años, Ezra ha encontrado uno de esos espacios en los talleres del MIO; especialmente en el Club de Creadores, del que forma parte desde sus inicios. Ahí ha aprendido distintas técnicas, ha explorado materiales y ha hallado un lugar donde imaginar y crear es parte natural de la experiencia.

Para muchas niñas y niños, estos entornos resultan invaluables. Ezra lo dice de manera más sencilla. Cuando se le pregunta si los artistas de su edad tienen buenas ideas para crear, él responde sin dudar: “Sí, porque tienen más imaginación”.

Para él, el arte es un espacio de tranquilidad y descubrimiento. Cuando dibuja, dice, se siente tranquilo. También le gusta revisar sus cuadernos con el paso del tiempo y ver cómo han cambiado sus dibujos. Esa curiosidad por aprender y mejorar es una de las muchas razones por las que cree que deberían existir más espacios para que los niños creen y compartan sus ideas. “Me gustaría ver qué crearían otros niños”, dice.

Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que quiere dibujar, pero siente pena de mostrar sus dibujos, Ezra tiene una respuesta sencilla: “Que lo intente y que lo enseñe”, responde. “Y si alguien dice algo malo, que no le importe mucho, porque es un dibujo”. La frase resume algo importante: para muchos niños dibujar no es solo un pasatiempo. Es una forma de expresar ideas que no tienen otras maneras de salir.

Tomi es prueba de eso. Una criatura que primero existió en la mente de un niño, luego en una hoja de papel y finalmente en las manos de artistas que decidieron tomar esa imaginación en serio.

Si Tomi pudiera hablar, su creador piensa que tendría algo que decirle.

“Creo que me agradecería por crearlo”. Y nosotros le agradecemos a Ezra por haberlo creado.


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