Los perros de Dios en Antequera. A 500 años de la llegada de los dominicos a Nueva España

Dejadme obrar; yo sé bien lo que me hago. Amontonado
el trigo se corrompe; esparcido fructifica.
Santo Domingo de Guzmán (1170-1221)
En las bulas promulgadas por el papa Honorio III, en 1216 y 1217, se ratificaba la fundación de la Orden de Predicadores (OP), promovida por el burgalés Domingo de Guzmán, cuyo legado de alabanza, bendición y prédica —Laudare, Benedicere, Praedicare— habría de conformar uno de los bastiones más poderosos para la defensa de la Iglesia católica en tiempo de herejías, detracciones y reconfirmación de la fe.
Los dominicos o “perros de Dios”, por su etimología latina, en paridad con las otras órdenes mendicantes de franciscanos y agustinos, iluminaron el ocaso medieval con sus modelos de virtud, recogimiento y observancia.
Luego de la Conquista de México, fray Domingo de Betanzos fue comisionado para establecer la orden en Nueva España, la Capitanía General de Guatemala y las Filipinas. En 1526 arribaron los predicadores a tierras mexicanas. Dos años más tarde, junto con fray Gonzalo Lucero y fray Bernardino de Minaya, se dieron las bases para un nutrido programa evangélico en la antigua Antequera. La complejidad geográfica y lingüística del territorio derivó en la planeación de diferentes rutas catequéticas, acompañadas, por supuesto, de grandes construcciones que marcaron los ejes didácticos y filosóficos para la instrucción de los naturales.
Fue en 1529 cuando se colocó la primera piedra de la Parroquia de San Pablo de los Indios —ahora convertido en el Centro Cultural San Pablo—, que pasó por diferentes vicisitudes, sobre todo sísmicas, las cuales habrían de requerir constantes procesos de reconstrucción y asignación de nuevas advocaciones. El llamado Convento de la Recolección de Santo Domingo de Soriano —devoción de Calabria, en el sur de Italia, a partir de la visión mística de un sacristán que recibió de manos de la Virgen María un retrato del santo fundador—, acabaría por abandonarse frente a un nuevo proyecto, con técnicas arquitectónicas más modernas que garantizaban su estabilidad, y que hoy constituye el portentoso templo y antiguo convento de Santo Domingo de Guzmán, en la capital antequerana.
A su vez, las rutas mixteca y zapoteca fructificaron en sendos inmuebles que, como portavoces de la doctrina cristiana, se edificaron con magníficas pinturas murales, retablos, lienzos, tallas estofadas, artes decorativas y ajuares litúrgicos que hoy podemos apreciar y valorar, gracias al apoyo de diversas instituciones, como la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, en tanto parte del encomiable legado de los perros de Dios en Antequera.

Resultaría por demás pretencioso abordar en estas líneas la totalidad de templos, parroquias, capillas, ermitas y demás recintos vinculados a los menesteres de la orden en Oaxaca. Sin embargo, destacaremos algunos de ellos mediante los elementos de propaganda fide, que constituyen buena parte del arraigo de una religiosidad que hoy sigue reverberando en la vida cotidiana, en los usos y costumbres del estado.
En la región mixteca es imprescindible mencionar los conjuntos de Santo Domingo Yanhuitlán, San Pedro y San Pablo Teposcolula y San Juan Bautista Coixtlahuaca. El primero, que emerge como una suerte de visión en medio de la planicie rodeada de montañas, conserva el retablo mayor asignado al gran maestro sevillano Andrés de Concha, en colaboración con el flamenco Simón de Pereyns. Las tablas con pasajes cristológicos y marianos exaltan motivos ejemplares para la feligresía en una orquesta de colorido, teatralidad y efectismo, propios de la mejor tradición manierista novohispana.
Mención aparte debe hacerse a la capilla abierta de Teposcolula, reconocida como la de mayor dimensión en el país, cuya elegancia renacentista logró el cometido de los predicadores de promover la fe e impartir los sacramentos en un espacio monumental, a la manera de las grandes explanadas de los teocallis prehispánicos. De igual forma, aunque de menor tamaño, la que flanquea la iglesia de Coixtlahuaca —con representaciones de la cosmogonía indígena en paridad con patrones cristianos— entra en diálogo con los símbolos pasionarios labrados en la cantera que encontramos en la portada lateral del templo. Refirió fray Francisco de Burgoa en su Geográfica Descripción de la parte septentrional… (1674):
[…] dellas sacaron los esclare/cidos tropheos de la fee, para nuevo esplendor de la Religion Catho/lica, blason decoroso de la Monarquia Española, y timbre de el escudo azerado de mi Orden de Predicadores, clarines fueron tan sonoros que à la voz del Catholico Josue, retumba/ron por estas Regiones de la mas supersticiosamente obstinada Jericò, y à sus ecos rindieron los escollos, y breñas mas impe/netrables su braveza […].1

También en la Mixteca, no menos espléndida, la iglesia de San Cristóbal Suchixtlahuaca, aderezada con los grandes ciclos pictóricos del poblano Miguel de Mendoza, resguarda distintas tallas estofadas angélicas como portavoces de los mensajes divinos.
Por otra parte, gracias a la herencia espiritual y devocional de los predicadores, tenemos los conjuntos retabulares de Santiago Comaltepec, Santo Tomás en Ixtlán de Juárez y San Mateo en Capulálpam de Méndez. Todos ellos, en la Sierra Norte, alcanzan el mayor esplendor de la sensibilidad barroca dieciochesca en un crisol de líneas sinuosas, formas orgánicas y pan de oro que ponen de frente al Cielo con la Tierra, como refería Juan Plazaola (SJ). Entre querubines, serafines, acantos, rocallas, medallones, imágenes de santas y santos, pasajes de la vida de Jesús y de María, rompimientos de Gloria y la benevolente figura del Padre Eterno en los remates, en estos templos se observa el ímpetu devocional y el gusto por la belleza y el preciosismo que caracterizan, por derecho propio, al arte sacro de Oaxaca. Explica la investigadora Martha Fernández: “Entre los muchos simbolismos que posee el templo cristiano, se encuentra la representación del paraíso o, por decir mejor, de los paraísos: el terrenal, el cielo donde habita Dios y la Jerusalén celestial”.2
1 Fray Francisco de Burgoa, Geografica descripcion de la parte septentrional, del Polo Artico de la America, y Nueva Iglesia de las Indias Occidentales, y sitio astronomico de esta provincia de predicadores de Antequera Valle de Oaxaca: en diez y siete grados del Tropico Cancer…. Consagrala a su esclarecido Patriarca Santo Domingo, decoroso timbre de Guzmanes, plana celeste del zodiaco de luzes…, México: Imprenta de Juan Ruyz, 1674. Prólogo, 1-2.
2 Martha Fernández, “La imagen del cielo en la arquitectura novohispana. Mantos, doseles y cortinajes” en Históricas digital, México: UNAM, 10 de diciembre de 2018, 288.