María Sada. Memorias de la Tierra

El movimiento detenido de los pétalos tiene una relación de la
mirada con un tacto agitado. Son como mil dedos ejerciendo para
nuestros ojos su multiplicada caricia. Comienza la cinestesia, el
poder de la poesía, visual o escrita, de activar un sentido a través
de los órganos de otro. En su obra, los ojos son acariciados […] El
tiempo y el ritmo es el tiempo de la naturaleza, evidentemente,
más lento. María nos transmite emocionalmente una gran cantidad, inmanejable, de tiempo en un solo instante.
Alberto Ruy Sánchez
María Sada (Monterrey, Nuevo León, 1954), restauradora de arte de profesión, ha combinado por más de treinta años su conocimiento profundo de técnicas y materiales con la representación del entorno. Desde 1993, la naturaleza —por medio de experiencias personales y viajes, muchos de ellos casi iniciáticos— protagoniza sus composiciones. En la obra de María, de pincelada precisa y metódica, desfilan selvas, animalia, ríos, cascadas, bosques, montañas, mares y una neblina que va hilvanando la floresta en pie de igualdad con la creación primigenia.
Desde el bastión contemporáneo, donde la extinción y el agotamiento del planeta son un doloroso y recurrente tópico, Sada acude, cual alquimista, a un estado de conciencia general dentro del que todos figuramos en el mismo escenario. No es una artista de dogmatismos, sino una creadora de sueños y realidades…; aquello que ha desaparecido, pero también lo que permanece. En una suerte de doble mirada, el público está invitado a observar desde lo más profundo las memorias de la Tierra.
Sada ha expuesto en diferentes países, entre los que destacan México, España, Estados Unidos, Suiza y Bélgica. Entre 2022 y 2023 presentó una gran retrospectiva de su obra, bajo el título Biofilia. Arte y naturaleza, en el Museo Nacional de Arte (MUNAL).

Col. María Sada
Este marzo llega al Centro Cultural San Pablo con casi setenta piezas que, en cinco núcleos temáticos, abordan los espejos y reflejos de lo humano ante el cosmos; anthologias (del griego anthós, flor) de diferentes formas y latitudes; la serie del bosque y el árbol caído que recuperó bloques de madera de sabino para convertirse en “lienzos” de distintos verdores; la animalia, siempre presente como nuestro “otro yo”, se encuentra con los divertimentos realizados en kashigata o moldes japoneses para dulces; y, finalmente, los diálogos que rinden homenaje a grandes figuras de la historia del arte, como Matisse, Duchamp, Kandinski, Pollock o Warhol. Sobre estos trabajos apuntó la artista: “Me propuse hacer diálogos con los artistas que hicieron aportaciones fundamentales, principalmente al arte abstracto y conceptual, o que nos dieron nuevos elementos a los pintores que les hemos seguido, para hacer más amplia nuestra gama de recursos de expresión”.