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¿ME VAS A DESAPARECER?

¿ME VAS A DESAPARECER?
Ruth García-Lago Velarde

Llevar la magia a los niños siempre es motivo de alegría e ilusión, éxito asegurado para el mago que, con muchos o pocos recursos, muestra sus trucos. De eso sabe bastante el Mago Martín, asiduo en los espacios de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. Pero, a finales de julio, salió de los escenarios y visitó varias poblaciones de la Mixteca para dar talleres de magia.

Estuvo en San Juan Teposcolula, Yucumeza, San Vicente Nuñu y en San Pedro y San Pablo Teposcolula. Comunidades pequeñas, con pocos habitantes, donde sus niños trabajan en agricultura y ganadería familiares. En algunos de estos pueblos se comunican con altavoz. Pero en el barrio de
Yucumeza, de los 90 habitantes, sólo llegaron al taller 14 niños y jóvenes, posiblemente porque llevaban tres días sin luz y no todos se enteraron. A pesar de esto, disfrutaron de la magia
y están dispuestos a repetir —en este o cualquier otro de los talleres— a los que se les convoque.

El Mago Martín contó su experiencia en la Mixteca, enseñando trucos de magia con objetos cotidianos, “con una cuerdita, cómo pueden hacer, simular, ensartar ahí. O hacer un nudo
y algunas cosas. Iniciábamos los talleres con muy poquitos niños, puesto que se veían ellos como muy asustados. A veces no había la difusión, pero empezábamos con 5 y acabábamos con 50. Y hasta los adultos participaban. O sea, que este taller fue dado para niños desde 4 años hasta
100 años. Era muy gratificante. Al final mucho más, la gente agradecida, con ganas de aprender más”.

“La magia es algo que ayuda para que los niños desarrollen algunas habilidades que tienen, tal vez escondidas por ahí. Les despierta la inquietud de investigar, de hacer cosas que no hacían, de desarrollar su movilidad motriz. Ojalá que estos talleres se extendieran a más lugares, no solamente aquí en la Mixteca”, confiesa el mago de Guadalajara, Jalisco.

“La gente de por acá es muy diferente, muy humilde. Cuando les hablas de taller de magia piensan
que los vas a desaparecer o que van a aprender a hacer todas estas cosas. Es más que nada hacer los trucos. Llena mucho llegar a este tipo de comunidades, donde quizás por televisión alguna vez o, no sé, en el viaje de algún mago que haya venido, han tenido contacto con la magia. Al final
la gente reaccionaba muy bien. Era increíble ver niños de 5 años viendo la magia y se salían contentos con el material y hacían la magia. Y los papás y los abuelitos, porque llegaba
gente ya mayor, y todos muy enfrascados en aprender”, cuenta agradecido el mago por haber sido invitado a hacer estos talleres y por “permitirme traer y compartir mi magia”.

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