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Una vida dedicada al textil

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Una vida dedicada al textil
Irmgard Weitlaner Johnson (1914-2011)

De vez en cuando, mi abuela me mostraba una pieza de su colección que guardada en uno de los baúles antiguos de Choapan que se encontraban en casi cada cuarto de su casa en Coyoacán y me hablaba de sus viajes a diferentes partes de México. Siempre eran piezas realmente impresionantes, pero más aún lo eran las historias que las acompañaban y el profundo amor con el cual narraba sus experiencias llenas de anécdotas chistosas e historias sobre las mujeres que las tejían; ella me mostró un México que muy pocas personas tuvieron el privilegio de conocer. Desde los años treinta, su espíritu de aventurera la llevó a lugares totalmente olvidados y ocultos de lo que se conocía en la imaginería popular como México.

Desgraciadamente, mi abuela me mostraba sus piezas raras veces, porque en realidad la relación que tuvimos era más de nieto y abuela, de manera que muchas de sus historias quedaron resguardadas en sus baúles. A veces me pregunto: ¿cuántas de éstas estaban escondidas en el baúl que descansaba al pie de la cama donde dormí cada vez que la visitaba? Cuando terminé la prepa, esos baúles quedaron vacíos pues sus contenidos fueron a formar parte de los acervos del Museo Nacional de las Culturas del Mundo en los Países Bajos. Las historias de mi abuela perduraron, pero ya sin el material auxiliar que las impulsaba a ser contadas. Cuando ella falleció en 2011, todos los contenidos de esos baúles desaparecieron para mí de manera definitiva.

Ella compartió sus experiencias y conocimiento con muchas personas. Los compartió libremente con todos los que mostraban un interés por la vestimenta autóctona de México y con quienes quisieran disfrutar un poco de té para hablar sobre todo lo relacionado con el mundo del textil. Además, ella plasmó cada viaje en minuciosas notas de campo acompañadas de miles de fotografías, documentando así cada paso de sus viajes, ya fuera a pie, a caballo o por tren.

A exactamente cien años de su nacimiento tuve la fortuna inesperada de reencontrarme con los relatos de mi abuela. Gracias a los esfuerzos extraordinarios del Museo Textil de Oaxaca (en particular de Alejandro de Ávila y Héctor Meneses) algunas de las piezas más destacadas de mi abuela pudieron regresar a México para ser expuestas por primera vez al público en el estado de Oaxaca, la tierra que mi abuela amaba tanto y que le brindó tantas aventuras. En el marco del Primer Encuentro de Textiles Mesoamericanos realizado en su honor, las piezas fueron expuestas junto con sus notas de campo y fotografías, todas ellas ahora resguardadas en la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova. ¡Qué ocasión tan perfecta! Es como si el Centro Cultural San Pablo se convirtiera en su casa de Coyoacán para reunir a todas las personas de la academia, de las instituciones y de las comunidades para hablar y compartir el mundo del textil. Sólo faltó el té.

Este catálogo, esta memoria, constituye un pequeño rescate de las historias de mi abuela y una recopilación de una vida extraordinaria; personalmente, a mí me sirvió para rellenar un poquito el vacío que quedó en esos baúles tan bellos.

Nicholas Johnson

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