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EL ARTE Y LA ILUSIÓN

Juan Manuel Herrera

Gracias a Plinio el Viejo (Comum, 23 Estabia, 79) y a su portentosa Naturalis Historia, conocemos un episodio de fantasía, de ideas extraordinarias, del prodigio del arte y el engaño de los sentidos, de una maestría artística hoy perdida y del temperamento que propicia poner a prueba algo, en una noble competencia, cuyo feliz resultado deja satisfechos a los contendientes, cada uno de los cuales se cree infinitamente superior al otro.

Con la memoria del episodio, Plinio nos habla de los artistas participantes en el duelo: Zeuxis de Heraclea y Parrhasius de Éfeso, ambos, pintores de altísima estima, en pleno esplendor insuperable de Fidias.

En el libro XXXV, Tratado de la Pintura y el Color, nos dice Plinio: “Esto, dicen, que (Parrhasius) competía con Zeuxis. Este trajo las uvas pintadas con tanta verdad, que las aves llegaron a picotear. El otro trajo una cortina tan natural representada, que Zeuxis, orgulloso de la adjudicación por las aves, pidió que retirase el telón de una vez, para ver la imagen.

A continuación, reconociendo su ilusión, admitió la derrota con hidalguía, ya que él había engañado a los pájaros, pero Parrasio había engañado a un artista como fue Zeuxis”.

Con esa anécdota queda registrada, de manera inmejorable, una historia fresca, ocurrida 500 años antes de ser narrada. Contar una ilusión, un episodio del prodigio del arte y el engaño de los sentidos, es un testimonio también de la grandiosa maestría del propio Plinio el Viejo, a quien recordamos en estos días de pandemia y confinamiento, dos milenios después con admiración absoluta.

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