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DIABLOS Y ESPIRITISTAS

Hector Meneses

Jasiel García Cisneros labora diariamente en el Centro de las Artes de San Agustín, en Etla. Sin embargo, como la luna, Jasiel tiene una cara que brilla en todo su esplendor al fin del mes de octubre. Desde hace 16 años se dedica a la elaboración de trajes para la muerteada del Barrio San José: “la cuna de la muerteada”.

Como en toda tradición, el involucramiento de la familia siempre está presente, así como él aprendió el oficio de su padre, ahora comienza a en- señarlo a su hijo Karim, de 10 años de edad, quien le ayuda en el proceso. Su esposa, Karina Torres Ramírez, también forma parte de la creación de estos trajes, pues complementa la presencia de los cascabeles y espejos con bordado en lentejuela.

Así, en el traje que han prestado al MTO para incluirlo en la exposición Ropa de luces: espejillos y lentejuela bordada, Karina bordó el rostro de Gokū (¡ver y/o leer “Dragon Ball” para mayores referencias!) a petición de Karim. Jasiel explica que hay plena libertad en los motivos que se pueden bordar en el traje y este es justamente el inicio de toda negociación. Cuando llega alguna persona para hacerle un encargo, él les pregunta cómo lo quieren, qué tan recargado, si con bordado en lentejuela o más sencillo. Después, con suma paciencia y cuidado, sujeta a la tela cada cascabel, cada espejo, con un delgado alambre de cobre. Dependiendo del tamaño, el traje puede pesar varios kilos. El peso que ejercen todos los elementos, la rigidez del alambre y el movimiento del baile durante la muerteada hacen que el trabajo de un año pueda desgarrar la tela en un par de noches. Por esa razón, es poco común que un mismo traje se utilice varias veces. Si acaso resiste, será posible vestir el traje durante dos muerteadas, pero seguramente habrá que renovarlo antes de la siguiente ocasión.

Mientras que el pequeño traje de Karim combina el tintinar de los cascabeles con los brillos de los espejos, Jasiel explica que suelen ser dos trajes distintos. Los diablos son quienes anuncian su paso con los cascabeles, mientras que los espiritistas reflejan destellos de luz a partir de los numerosos espejos que cuelgan sobre sus capas y pantalones. Ambos personajes son parte de una representación al inicio de la muerteada, frente a la iglesia, donde el diablo se quiere llevar al difunto, y el espiritista lo revive. Entre espejos y el ruido de los cascabeles se ahuyenta a los malos espíritus.

Si bien suelen ser hombres quienes visten estos trajes, ahora también los usan las mujeres durante la Muerteada Femenil, realizada ocho días después de la primera. Jasiel ha hecho trajes para ambas fiestas y en algún futuro próximo, su hijo más pequeño también se unirá a la actividad familiar. Agradecemos a la familia García Torres por compartirnos este traje para que más personas conozcan este conjunto tan peculiar.

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