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TRAMANDO UN RESCATE, URDIENDO HISTORIAS

El Museo cuenta con uno de los acervos textiles más importantes de Mesoamérica, donde se compilan e investigan más de 9000 objetos y acervos fotográficos de decenas de miles de imágenes, bajo la asesoría de especialistas en la materia.

Adriana Sabino y Nicholas Johnson

Al inicio del año pasado, las autoridades de Santa María Nativitas Coatlán Mixe, una agencia lejana del municipio de Tehuantepec que fue afectada gravemente por los sismos de 2017, se acercaron al Museo Textil de Oaxaca con una emotiva solicitud. Después de muchas décadas de utilizar los textiles del Istmo, la población había decidido que quería rescatar el tejido en telar de cintura de sus ancestros. Para el MTO, inquietudes como estas son las más retadoras y esenciales para la misión del Museo, dado que el rescate de una tradición olvidada, donde ya no se conserva una memoria viva de su existencia, requiere mucha investigación de nuestra parte y, sobre todo, un esfuerzo enorme por parte de la comunidad para aprender, desde lo más básico, todo un arte.

Para reintegrar conocimientos perdidos, el Museo cuenta con uno de los acervos textiles más importantes de Mesoamérica, donde se compilan e investigan más de 9000 objetos y acervos fotográficos de decenas de miles de imágenes, bajo la asesoría de especialistas en la materia. Sin embargo, por azares del destino y dado que la comunidad había dejado de tejer hace tantos años, no encontramos ni un objeto o fotografía en nuestros acervos donde pudiéramos observar la tradición textil de Coatlán. Podríamos armar un taller para enseñar el tejido en telar de cintura, pero ¿con qué técnicas?, ¿qué diseños? Sabíamos que Coatlán es una comunidad mise donde todavía se habla ayuuk, pero desconocíamos si sus textiles eran parecidos a otras comunidades mixes en cuanto a sus técnicas y diseños.

En una coincidencia prodigiosa, unos meses antes de la visita de las autoridades de Coatlán, el MTO había recibido una donación de fotografías y notas de Claude Stresser-Péan. Este acervo documenta la visita realizada en 1987 por Claude, su esposo Guy e Irmgard Weitlaner Johnson a las salas y acervos del Field Museum en Chicago, donde realizaron un registro completo de los textiles que adquirió el antropólogo estadounidense Frederick Starr durante sus visitas a México entre los años 1897 y 1901. Resulta que Starr no solo visitó y tomó fotografías en Coatlán en el año 1899, sino que también adquirió un huipil que ellos pudieron fotografiar e investigar. Hasta en esos años, Starr notó la apropiación de los huipiles zapotecos del Istmo por las mujeres en la comunidad. Gracias a la generosidad de Claude Stresser-Péan, ahora contábamos no sólo con la evidencia fotográfica para orientar un taller de tejido en la comunidad, también teníamos una minuciosa descripción técnica realizada por Irmgard, lo que brindaba la posibilidad de reintegrar un patrimonio de forma tangible e intangible a su comunidad de origen.

El interés de la autoridad de Coatlán nos motivó a realizar un largo viaje por las montañas de la sierra norte del estado de Oaxaca. ¿Cómo iniciar el rescate del tejido en una comunidad donde este conocimiento estaba en vías de desaparición a inicios del siglo pasado? ¿Cómo motivar a la comunidad para rescatar su tradición textil, luego de haber adoptado la indumentaria de la región vecina?

Con estas y muchas interrogantes más comenzamos una labor de enseñanza en el uso y manejo del telar de cintura, sin lugar a dudas, un gran reto para todos. Mostramos piezas de técnicas similares a las que en alguna ocasión se realizaron en la comunidad y, ante los ojos de asombro de las personas interesadas, fuimos explicando y mostrando cada uno de los pasos para lograr los tejidos: ¿Qué es la urdimbre? ¿Qué es la trama? ¿Por qué la cantidad de hilos en la urdimbre? Al principio no se comprendían algunos conceptos, no se imaginaban que los hilos cruzados formarían un tejido, sino hasta el momento de ¡poner manos en acción!

Después de que las participantes prepararan cada elemento del telar, la magia se hizo presente. Al paso de los días y con emociones encontradas, fuimos descubriendo los tejidos. Alumnas como Irma Juárez y Ediselma Sánchez se animaron a crear diseños más complejos. Por las tardes, la clase se amenizaba con el ensayo de la banda de música infantil de la comunidad, en efecto: música para el alma y los tejidos. Al término de la semana concluimos con el taller, cumpliendo con las expectativas, al sembrar la semilla que motivará a este pequeño grupo de tejedoras y a un tejedor para revivir las labores del tejido en telar de cintura en la comunidad, un gran comienzo para nuevas historias.

Creemos que la herencia del tejido seguirá viva mientras existan corazones y personas que deseen compartir estas enseñanzas, para así narrar una nueva historia en los lienzos; tejidos que quedarán como recuerdo del deseo por reescribir una vida en el textil.

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