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TEXTIL EN MOVIMIENTO

El paso de la exposición de Anderson Barbata por el MUCA-Roma en la Ciudad de México nos permitió vivir lo que sólo habíamos imaginado.

Hector Meneses

Recorrer una exposición de textiles dentro de un museo nos otorga ciertas ventajas a las que no siempre tenemos acceso en otro contexto. Si bien es cierto que la experiencia táctil se anula frente a un objeto de museo, podemos detenernos a observar cada diseño, la irregularidad de un borde, la variación en el color, la dimensión de los lienzos, los pliegues de la tela, los relieves de las figuras… Tanto por observar y, sin embargo, es casi imposible apreciar uno de los valores más importantes dentro de un textil destinado a portarse sobre el cuerpo: el movimiento de la tela al caminar, al levantar un brazo para cubrirse del sol con una mano, al subir un escalón, al girar la cabeza sobre el hombro para responder ante un llamado…

Intervención: Índigo, exposición de Laura Anderson Barbata presentada hace un año en el MTO, nos mostró a distintos personajes vestidos con una gran variedad de telas cuyo punto en común era el color azul. Además de las prendas, cada conjunto se complementaba con tocados, máscaras, velos, e incluso con zancos, elevando a más de tres metros nuestra mirada. La exposición se acompañó de un video donde se veía a esos personajes en acción por las calles de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York.

Para nuestra suerte, el paso de la exposición de Anderson Barbata por el MUCA-Roma en la Ciudad de México nos permitió vivir lo que sólo habíamos imaginado. En una tarde de sábado, en la Glorieta de Insurgentes, un pequeño jaguar vestido de índigo procedente del occidente de África, comenzó a caminar entre la gente azotando una cuerda de ixtle en el piso. Su andar se anunciaba por los cascabeles que llevaba en los tobillos, y con ello se abrió paso a Chris Walker, coreógrafo revestido por una serie de mantos teñidos con añil que revoloteaban ante cada zancada, revelando los tejidos subyacentes. El público, sorprendido, comenzó a formar un círculo que poco a poco se fue ensanchando para dar cabida a un grupo de diablos de Guerrero, del municipio de Ometepec. El ixtle y los cascabeles del pequeño jaguar nos guiaron a través de las calles de la colonia Roma hasta llegar al Museo Universitario de Ciencias y Artes, donde se alojó la muestra hasta el 7 de febrero pasado. Los paneles de papel hecho a mano se mecían con el andar de un zanquero que personificaba a un poli granadero, mientras que la Reina Índigo, con su tocado de hojas de totomoxtle cubriendo por completo su rostro, se movía con suavidad, como flotando
sobre el asfalto urbano mientras sus lentejuelas cobrizas platicaban centelleantes con los rayos del sol. Un sueño personal se cumplió cuando vi andar a Olokun, figura inspirada en una deidad andrógina de la religión Yoruba en África occidental. Después de haberlo conocido de manera estática en la exposición que organizó el MTO en 2016 sobre textiles emplumados, los hilos blancos de plumón sobre el cuerpo de Olokun se mecían sutilmente ante la brisa de la ciudad, mientras que la luz emanaba potente de su tocado amarillo fluorescente. Ya no sólo nos queda la memoria del video de esta acción en Brooklyn, sino el grato recuerdo de haber presenciado en México el baile de estas telas.

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