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TALLER ARMINDA

Don Jesús demuestra que es un apasionado de su oficio por el cuidado que pone en cada una de sus piezas.

Lorena De la Piedra

En Las Ánimas, población que pertenece al municipio de Santa Catarina Ixtepeji en la Sierra Norte de Oaxaca, entre las montañas, los pinos, el frío y la neblina, se encuentra el Taller Arminda. Jesús Gómez Torres y otras cuatro personas de la familia integran el taller. Don Jesús lo dirige, y cuenta que a los nueve años aprendió de su padre el arte de tallar a mano la madera del pino. El taller dedica sus días a cumplir con varios pedidos que tienen programados para entregar a sus clientes. Trabajan con diferentes tipos de madera, como la jacaranda –que consiguen en los valles centrales–, la madera de fresno y aile, que consiguen con aserraderos certificados de la Sierra. Taller Arminda utiliza solamente la madera de árboles marcados para derribo. Don Jesús es un guardián de sus bosques, y está contra la tala ilegal de árboles, así que la madera con la que trabaja está certificada. Él es quien se encarga de seleccionarla para su producción.

“Nos da mucha satisfacción enseñarle a nuestros hijos y a nuestros nietos la técnica y la tradición de elaborar utensilios de madera y que se vaya perfeccionando nuestro taller.

Don Jesús estudió la secundaria en la ciudad de Oaxaca, y ahí descubrió que se podían hacer tornos, pero fue hasta la década de los setenta que llegó la electricidad a su comunidad y con ello pudo revolucionar la manera de elaborar sus tradicionales piezas de madera, lo que le permitió acercarse a nuevos mercados. Gracias a ese torno, comenzaron a elaborar el producto que ahora más comercializan: el molinillo, un utensilio que sirve para moler el chocolate y generar espuma. El Taller Arminda hace diferentes tipos, pero cada persona se acomoda con el que mejor le “levante” la espuma al chocolate.

El Taller Arminda hace diferentes tipos, pero cada persona se acomoda con el que mejor le “levante” la espuma al chocolate.

Para don Jesús es muy importante hacer demostraciones de su trabajo cuando los clientes visitan su taller. Él recuerda que antes, para poder vender sus productos, tenía que buscar a los clientes y caminar desde su comunidad hasta la ciudad, un trayecto de un día. Ahora son los clientes los que van desde la ciudad a su taller.

Don Jesús demuestra que es un apasionado de su oficio por el cuidado que pone en cada una de sus piezas, y finaliza diciendo: “Nos da mucha satisfacción enseñarle a nuestros hijos y a nuestros nietos la técnica y la tradición de elaborar utensilios de madera y que se vaya perfeccionando nuestro taller. Ahora le ofrecemos lo mejor a nuestros clientes. Lo pienso seguir haciendo porque me gusta y le he inculcado ese gusto a mis hijos”.

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