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INICIO DE ACTIVIDADES EN OCOTLÁN DE MORELOS

Increíble, pero parece que el alma de Rodolfo Morales vive todavía en Ocotlán. Él solía pintar sueños y la visita al exconvento rodeado de la alegría de los niños parece ser una pintura de este maestro del color.

María Isabel Grañén Porrúa / Verónica Loera y Chávez

Imposible llegar a Ocotlán de Morelos, en Oaxaca, y no recordar al maestro Rodolfo Morales. Él amó su tierra con una generosidad ilimitada, se nutrió de ella. Su obra es reflejo de las flores de sus campos, de la fruta que venden en su colorido mercado, también adoptó la luz de los paisajes cercanos y del arte popular y, sobre todo, las mujeres con sus rebozos y tacones fueron las protagonistas principales. La generosidad de este artista fue tal que restauró la mayoría de los conventos cercanos a su comunidad, y, además, donó una importante colección de su obra a México, que se conserva impecable en su querido Ocotlán.

El corazón brinca de alegría cuando uno visita el exconvento de Ocotlán, y encuentra a decenas de niños que se reúnen a crear papalotes, collages, barro, pinturas y grabados, también experimentan con la cocina ocoteca. Entre sonrisas, los pequeños juegan, se divierten y aprenden.

Esta historia comenzó hace más de dos años, cuando la Antigua Estación del Ferrocarril en Oaxaca se convirtió en museo y biblioteca. El Museo Infantil de Oaxaca abrió sus puertas a niños y niñas con la exposición Rodolfo Morales, maestro del color. La intención era dar a conocer la obra de uno de los grandes pintores de Oaxaca al público infantil. Parece mentira, pero Oaxaca cuenta con grandes artistas plásticos reconocidos en el mundo y, sin embargo, no se conocen en su tierra. Ésta y muchas otras fueron las razones por las que el equipo del MIO preparó múltiples actividades deriva- das del trabajo e intereses del maestro Morales.

La Fundación Rodolfo Morales, entusiasmada con el proyecto, participó
con la donación de fotografías de la obra y con la cortesía para utilizarlas y elaborar con ellas actividades educativas para los chicos. Una vez que vieron el fruto del trabajo, quedaron motivados para seguir el ejemplo, y reproducir la experiencia en la tierra donde nació el maestro. Solicitaron el apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca para trasladar allá el programa educativo. A partir del jueves 10 de octubre este sueño se hizo realidad, pues, gracias al esfuerzo de las dos fundaciones, se abrieron las puertas del convento para que chicos y chicas realicen diferentes actividades gratuitas: pintura, juegos, gastronomía, música y mucho más…

Aquí de lo que se trata es de rendirle un homenaje, conocer su obra, seguir su ejemplo y apreciar su generosidad.

Uno de los lugares favoritos de Rodolfo Morales era la cocina, porque ahí se preparan platillos deliciosos y exquisitos postres, sólo hay que visitar su casa para darse cuenta de ello. Así que chavas y chavos: ¡Hagan chocolates! En Chocotlán podrán hacerlos en la cocina del convento, y lo mejor de todo es que se los podrán comer. También podrán preparar alegrías, gaznates, polvorones y otros dulces regionales que le encantaban al maestro. ¿Saben lo que es un collage? Visiten el refectorio del convento, que está antes de entrar a la cocina, busquen el Tilichero, y ahí podrán hacer muchos collages. Pinten cilindros –como lo hizo el artista–, peguen etiquetas, recorten personajes, armen cuadros con imanes, resuelvan el Arterama, ganen la Lotería, escriban historias, armen rompecabezas y disfruten del Universo de Morales. También podrán jugar todo lo que quieran con barro y madera, materiales con los que se hacen las artesanías de la región que le gustaban tanto al maestro. Quítense los zapatos o los guaraches, échense en los cojines y ¡a leer a gusto! Visiten el Bunko, un espacio preparado para los amantes de los libros, y busquen los que hablan del maestro y su pintura. También hay cuentos y libros de aventuras, artesanías o de juguetes tradicionales. Pueden participar en las visitas guiadas para las escuelas –que también son gratuitas para los habitantes de Ocotlán y comunidades vecinas– o si prefieren, lleven a su familia los do- mingos, y vean el video o la obra de títeres que cuentan la vida y obra de nuestro querido Rodolfo Morales. Aquí de lo que se trata es de rendirle un homenaje, conocer su obra, seguir su ejemplo y apreciar su generosidad.

Increíble, pero parece que el alma de Rodolfo Morales vive todavía en Ocotlán. Él solía pintar sueños y la visita al exconvento rodeado de la alegría de los niños parece ser una pintura de este maestro del color.

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