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REFORESTAR ES EL CAMINO

Agradezco la presencia de tantas personas que hoy se reúnen para un fin común. Por supuesto, al patriarca de Antioquía de los Maronitas, Béchar Raï, a las autoridades gubernamentales y militares, así como a tantos miembros de la sociedad civil y varios jóvenes libaneses y de distintos países que comparten nuestro sentir: reforestar es el camino.

Era el año 2006 y, mientras paseábamos por el bosque milenario de Líbano, una pregunta rondaba mi cabeza: “¿Quién habrá sembrado esta maravilla?”. Lo más seguro es que nunca conozca su nombre, pero agradezco que alguien se haya preocupado por legar a la humanidad este tesoro natural tan preciado.

Líbano necesita esperanza, el emblema de su bandera es el cedro, y su color es el verde. Nosotros queremos que este hermoso país, que vio nacer a mis antepasados, se llene de esperanzas y de cedros.

En México, la Fundación que lleva mi nombre ha emprendido un ambicioso programa de reforestación, hemos logrado producir y sembrar anualmente más de tres millones de árboles.

En 2006, nuestra experiencia en México nos confirmaba que era posible ampliar la esperanza en Líbano y colaborar con otros grupos que seriamente deseaban trabajar en la misma dirección. Conocimos un bello proyecto en Bcharre, y decidimos ir paso por paso: primero impulsamos la siembra de 20 000 cedros; luego, un lago de captación de agua pluvial; después, ampliamos la siembra de otros 20 000 cedros; cercamos el área para evitar el pastoreo por la zona reforestada y, además, decidimos donar un vivero de alta tecnología para producir Cedrus libani y reforestar este bello país al que le ha dado su nombre.

Hoy estamos reunidos para celebrar juntos un nuevo reto. Me alegra estar en Diman para hacer realidad un nuevo horizonte verde. Mi fundación se compromete a evaluar las propuestas para reforestar conjuntamente y, poco a poco, reforestaremos Diman y las alcaldías vecinas.

Mis hijos y mis nietos darán continuidad a este proyecto. Aquí está mi hijita María Isabel, muy puesta para seguir sembrando cedros. Y aquí estamos, dándonos la mano unos a otros, haciendo posible renacer un Líbano de esperanzas para que las siguientes generaciones sigan nuestros pasos y que dentro de mil años alguien agradezca –aunque no sepa ni siquiera nuestro nombre– a quienes se hayan preocupado por multiplicar los cedros, que tanta admiración causan a la humanidad.

Estos árboles sagrados nos hacen sentir el cobijo de la bendición divina. Enhorabuena por hacer de nuestra Tierra un mundo esperanzador con Cedros de Líbano.

Alfredo Harp Helú

Diman, Líbano, 23 de julio de 2019.

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