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CEÑIR EL PARAÍSO: DONACIÓN DE TONY Y ROGER JOHNSTON

Hector Meneses

El Museo Textil de Oaxaca resguarda distintas colecciones textiles que nos hablan sobre técnicas, materiales, usos y significados de los tejidos en distintos pueblos del mundo y a lo largo del tiempo. Estas colecciones, sin embargo, también abarcan otro ámbito: el de las emociones. Con motivo dela exposición Ceñir el paraíso: La colección de Tony y Roger Johnston, preparamos una serie de charlas a modo de agradecimiento público por la generosa donación de Tony Johnston: más de 800 piezas que nos permiten conocer e intercambiar experiencias en torno al tejido de distintas regiones.

Loreto Millalén, tejedora mapuche del Taller Ad Llallín en Santiago de Chile, se refirió a las oraciones y devociones representadas a través del tejido. Durante la demostración que ofreció, se reforzó este concepto, pues la concentración al tejer era tal que quienes estábamos alrededor recurríamos al silencio contemplativo, a modo de acompañamiento en ese proceso de meditación a través del cual Loreto creaba con los hilos.

Violeta Gutiérrez viajó desde el Museo Ixchel del Traje Indígena de Guatemala para presentar un panorama general de las fajas empleadas en la actualidad. Además de mostrar imágenes de personas portando las piezas tejidas, mostró otras variantes que cruzan la tradición con la tecnología actual: fajas tejidas en telar de cintura con la iconografía bordada a máquina, con bordado computarizado, con impresión sublimada, o bien, con aplicaciones de pedrería y cuentas de fantasía (a estas últimas las llamó “la versión ultramoderna”). Violeta enfatizó las fajas “de Mixco”, pues realmente se trata de tejidos elaborados en Santo Tomás Jalieza, Oaxaca, que viajaban a Guatemala principalmente en el contexto de la celebración patronal del Señor de Esquipulas.

La mención de las fajas de Jalieza empleadas en Mixco brindó el puente natural a la tercera presentación del día. Crispina Navarro es una tejedora extraordinaria de Santo Tomás Jalieza y su participación fue particularmente especial, pues los Johnston la conocieron en una visita a Oaxaca en 2004. Roger describió una faja tejida por Crispina como una “verdadera obra de arte”, y eso ocurre a partir del proceso que ella sigue al tejer: “[En cada tejido] dejo parte de mi vida, hay mucho trabajo en las fajas y no tienen precio, pues la vida no tiene precio”. A pesar de los miles de kilómetros de distancia entre ellas, Crispina y Loreto confluyen en la manera en que cada una percibe la realización de una faja: el tejido se equipara a una gestación. Loreto menciona que se hace una celebración al terminar una faja, pues es como haber parido; mientras Crispina explica que tras meses de tejido, terminar una faja es como tener una hija, un hijo, que después emprende su camino.

Alejandro de Ávila cerró la sesión con un viaje, a través de las fajas de la colección Johnston, por distintos pueblos de América, Asia y África. Una vez más, la fertilidad se hizo presente, pues al presentar la imagen de una faja del pueblo atoni, en el occidente de la isla de Timor, Alejandro explicó que se trata de una prenda empleada por los guerreros; pero también se portaba de forma ceremonial por las mujeres después del parto. Como lo explicara Crispina: “estamos entrelazados”.

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