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EL RINCÓN DEL DIABLO 

Alberto Blanco

Existe una expresión en el beisbol que designa el lugar más incómodo de todo el parque de pelota
–y de todo parque de pelota–

para los jardineros: “el rincón del diablo”.

Se le conoce así porque cuando un batazo

coloca la pelota en esa esquina suele ser muy difícil fildearla…

La pelota sigue trayectorias caprichosas

dependiendo de los ángulos irregulares

de cada parque, del césped, de la fuerza del batazo
y de las bardas.

Un buen jardinero es capaz
de sacar la bola del rincón del diablo en poco tiempo
y hacer un tirazo al cuadro buscando frenar a los corredores
o hasta pescar a alguien fuera de base.

Hay un rincón del diablo
para todo el mundo.
Y cada vez que la bola
–la rueda de la fortuna–
queda arrinconada
cuesta mucho trabajo salir de allí.

Pero es absolutamente indispensable hacerlo en el menor tiempo posible.

Para ello se cuenta con la atención y la habilidad del buen jugador; con la forma del parque,
con la fuerza del viento

y con la suerte.

Hay que recuperar la bola de inmediato

y devolverla al cuadro.
Si no se hace así, rápido y bien, puede costar el partido.

La cantidad de energía
que se necesita para la maniobra es crucial en el momento
de recuperar la senda extraviada.

La bola está jugando.
El partido se está jugando.
Y el pelotero se la está jugando.

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