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EL PARAÍSO DE LOS DIABLOS ROJOS

Agustín Castillo

Minutos que parecían horas y horas que parecían años, así se vivieron los momentos previos a la inauguración del Estadio Alfredo Harp Helú, la quinta y única casa propia de los Diablos Rojos del México.

Como más de 20 000 personas, Rodrigo Enrique Cortés Armijo se despertó temprano el sábado 23 de marzo para conocer “El Diamante de Fuego”. Jamás contempló ser el primer aficionado en ingresar al nuevo parque, su única intención era llegar con buen tiempo para descubrir con sus propios ojos lo que había leído y escucha- do en los medios de comunicación.

Conseguir boletos fue una odisea. Cinco minutos después de dar inicio la venta, Rodrigo alcanzó boletos en las gradas de los jardines, nada que ver con su asiento en el Fray Nano, en el corazón de la Porra Brava.

Llegó a las puertas del Estadio AHH a las 15:15, casi cuatro horas antes del duelo entre los padres del futuro y sus queridos Diablos, los frutos de la Academia de San Bartolo Coyotepec vestidos de azul y rojo.

Rodrigo tiene 13 años de edad y la destreza suficiente para atravesar con rapidez los arcos de seguridad y encontrarse con “El Diablito”, la escultura de Sergio Hernández. Oficialmente fue el primero en llegar. Cámaras y micrófonos ya lo esperaban para darle trato de celebridad. Ahí pudo contar que sigue al México desde los nueve años y que su jugador favorito es Iván Terrazas.

Como cualquier jovencito que cursa primero de secundaria, cantó con mucho entusiasmo el Himno Nacional Mexicano, mientras su memoria trataba de capturar las imágenes y los sonidos de uno de los momentos más esperados por la afición al beisbol durante décadas. Rodrigo no tuvo la fortuna de conocer a su abuelo paterno, pero fue él quien le inculcó el amor por el beisbol a su papá, quien ahora se encarga de conservar ese legado, como ha sucedido con tantas familias en la Ciudad de México a través del tiempo.

El primer aficionado en el “Paraíso de los Diablos Rojos” desea con todo su corazón ver campeón al equipo. En 2014 estuvo en el Foro Sol cuando el club escarlata superó a Puebla, pero era muy pequeño para comprender lo que sucedía, aunque hoy se sabe perfectamente los detalles del juego que definió “El Haper” Gamboa.

Con mucha seguridad, Rodrigo Cortés afirma que don Alfredo Harp se voló la barda con un regalo tan espectacular para los aficionados, y los conmina a valorarlo y cuidarlo para que se Mantega impecable siempre. Al mismo tiempo, reflexiona sobre la diferencia entre los seguidores de su edad y los que son un poco mayores: los actuales ya no volverán a preocuparse ante la posibilidad de que su equipo sufra el riesgo de quedarse sin hogar.

En tiempos donde las redes sociales son fundamentales para estar bien informado, el Twitter fue el principal aliado de Rodrigo para conocer los avances del Estadio Alfredo Harp durante sus poco más de tres años de construcción. Así se enteró de que la siguiente parte del proyecto incluye un museo y el Salón de la Fama de los Diablos Rojos, que ya espera impaciente, a pesar de que nadie le ha dicho que su foto y su historia ya son parte de lo que ahí habitará.

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