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HÉROES DE LA TRADICIÓN: LAS POCITEÑAS

Lorena De la Piedra Ordaz

La FAHHO apoyó un programa de creación de textiles artesanales del distrito de Jamiltepec, porque es donde mayor producción y técnicas textiles hay. Se recibieron más de ochenta solicitudes. Una de ellas fue la de María Margarita Cruz López originaria de Los Pocitos. En su proyecto pedía apoyo para la compra de materiales para bordar, como tela industrial, tela tejida en telar de cintura, lápices para dibujar sobre tela, hilos finos para bordar, planchas, hilos para coser, etc. También pedía difusión para la venta de sus productos. Ganó el apoyo y empezó una relación laboral con el grupo de seis mujeres afromexicanas llamadas Las pociteñas, quienes estuvieron siempre dispuestas, unidas y organizadas. Decidieron comprar máquinas de coser, hilos, ganchos y arreglar su taller, ya que desde el huracán Paulina no podían recuperarse. Con esto pudieron reducir costos de fabricación de prendas, y ahora las comercializan mejor y trabajan en un taller mejor equipado que antes.

Oaxaca debe estar orgulloso por ser el primer estado en declarar como existente a la comunidad afromexicana, y ahora la Ciudad de México también la reconoce: solo dos estados de todo el país le dan reconocimiento como comunidad. Una comunidad que ha sido ignorada y discriminada por gobierno y sociedad. Hay muchos mexicanos que no saben que existe una comunidad afromexicana. Robert Vaughn dijo, en su libro Afroméxico: “La negritud no se considera un tema relacionado con la cultura, el desarrollo étnico o la etnicidad en general”.

Las Pociteñas declararon abierta- mente que su técnica textil es un bordado sobre satín que se convierte en un cuello de huipil, técnica aprendida en un curso de un programa de gobierno que tomaron en Pinotepa Nacional porque –aseguran– nadie llega hasta su comunidad. Según algunos programas, en Los Pocitos no cuentan con las características necesarias para ser apoyadas porque no pertenecen a una etnia. Desde entonces, venden sus bordados a mujeres de Pinotepa Nacional para que ellas hagan el huipil completo. Se ha impuesto una identidad, ventaja productiva que genera ingresos, sin embargo, sus raíces han quedado fuera, se ha perdido la memoria de sus orígenes.

Margarita y Obdulia, las representantes, cumplieron con los objetivos que marcaron en el proyecto. Buscaron nuevas opciones y ahora bordan sobre la tela y no sobre el listón satina- do para ofrecer algo diferente. Continuaremos apoyando su proyecto desde la comercialización de sus productos y visitando su comunidad, para que no se sientan abandonadas o invisibles.

Seguirá siendo un reto que las comunidades afromexicanas se vean inmersas en proyectos de difusión y exaltación o reconstrucción de su cultura e identidad. Podemos empezar reconociendo que en México existe una tercera raíz y le debemos parte de nuestra identidad.

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