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ANTÍDOTO

Hector Meneses

A principios de año, Masako Takahashi presentó una instalación de coloridos pompones suspendidos en el patio principal del MTO. Esta obra, construida a partir de un conjunto de esferas de lana hilada a mano y teñida artesanalmente, deriva de otra instalación que ella tituló Liberación. Ante el actual estrés social y político que vive cotidianamente en su país natal –Estados Unidos–, Masako se ha sentido atrapada en una situación que queda fuera de su control, por lo que decidió traer esta instalación a Oaxaca con el afán de liberarse un poco de la presión que se ha ido acumulando en su vida diaria. El color, la textura y el movimiento infatigable de los pompones lograron su cometido, pues a partir de elementos sumamente básicos, se ofreció un espacio libre a la mente. Sin embargo, la artista ha decidido dar un nombre distinto a esta instalación: Antídoto. Con este remedio, Masako busca revertir los efectos nocivos de nuestro en- torno, aunque sea por un momento. Como está consciente del efecto pasajero de este contraveneno, ella dice que se requieren dosis constantes, y por esa razón cohabita en su casa con estas suaves pelotas de lana: las toca, las reconfigura en distintas composiciones e incluso Kiki, su inseparable mascota de apenas cinco meses de edad, se sumerge y esconde entre ellas.

Cuando hablamos de un antídoto, generalmente pensamos en una situación grave; me atrevo a afirmar que la primera situación que aparece ante nosotros es la mordedura de una serpiente. De igual modo, al escuchar la palabra “antídoto” se transmite cierto sentido de magia, de alquimia. Recurrimos a un antídoto no solamente para revertir un peligro que de otro modo sería inminente, sino para alejar al mal cuanto antes, pues la velocidad de reacción es determinante para el proceso de recuperación. Frente a las severas crisis que enfrenta nuestro mundo, Masako nos ha ofrecido un espacio para recargar energía. Estamos convencidos de que el arte siempre tiene una función; en este caso, nos ayuda a relajar nuestra mente para dar cabida a nuevos pensamientos y así estar en posibilidades de replantear nuestra forma de ver, de analizar y de actuar. Estos momentos de pausa, de liberación, son necesarios para que nuestro cerebro y espíritu se regeneren. Con el colorido de la lana en contraste con el azul intenso del cielo invernal de Oaxaca hemos refrescado nuestro ser para continuar nuestro camino. El antídoto funcionó.

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