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ANDAR ENTRE EL ARTE POPULAR

Aldo Luis Luis

Cuando uno es pequeño empieza a conocer el mundo a partir de sus capacidades sensoriales, el desplazamiento nos vuelve caminantes y descubridores del mundo. En este sentido, Andares es un espacio donde convergen el aprendizaje y la apreciación por el arte popular. Quien camina por las salas aprecia las texturas, colores y todo aquel bufet visual que entona con la bella casona de la avenida In- dependencia. El trabajo en equipo y la sensatez para otorgar a cada pieza un espacio que habite la casa, permite a los visitantes tener un contacto directo con las culturas que comparten sus artesanías con el mundo.

Existe una idea constante, la cual gravita en el pensamiento del visitante local, nacional o internacional, y en ocasiones la comparte. Después de haber recorrido las diferentes salas de Andares, surge la consigna: “el espacio, finalmente, parece más museo que tienda”. Si bien el significado de la palabra museo se refiere al lugar donde se resguardan y exhiben objetos de interés cultural, histórico, artístico o científico, la organización de las artesanías y el acompañamiento con el “público” cumplen un cometido museográfico. Pensar en público más que en clientes es una premisa que permite una comunicación horizontal de reconocimiento cultural entre ambos universos de significación: el que atiende y el que visita.

La comunicación que se realiza en las diferentes salas, donde se exhiben las piezas, permite que los visitantes tengan una retroalimentación directa con el equipo de Andares. Esto ayuda a resolver dudas o plantear nuevas interrogantes que fortalezcan el proyecto. En el proceso de diálogo con el visitante (cliente, público) existen momentos muy interesantes de reconocimiento “intercultural” que permiten un aprendizaje recíproco. Constantemente, el público proveniente de diferentes latitudes piensa por un momento en su lugar de origen, al mirar cómo una técnica que se realiza en la Sierra Norte para la elaboración de “ruanas”, tiene similitud con las capas creadas de alpaca en Perú, por ejemplo. O de los maestros cera- mistas que en Japón hacen la técnica de “raku”, y encuentran un apego con la técnica para crear los cuencos vidriados y craquelados de Santa María Atzompa. O la técnica que poseen en Ecuador para crear los sombreros de “toquilla”, y su símil en Yucatán para bordar la palma de jipijapa.

Caminar por Andares es trasladar- se a las diferentes comunidades que comparten sus artesanías, pero también su cultura. Es compartir anécdotas de quien nos visita, también es aprender, partiendo del reconocimiento de los otros, es apreciar la arquitectura y los frescos laterales de la casa, es apreciar la música silenciosa que trasmiten los grandes músicos de barro creados en Santa María Tlahuitoltepec, que permanecen suspendidos en el tiempo y en el patio de la casa, produciendo armonías visuales con los mosaicos rojizos y el contraste azulado del cielo. Sin lugar a duda, quien camina por Andares encuentra su casa en algún rincón del espacio, aquella parte de uno que se encuentra en Oaxaca, y que siempre te pide regresar.

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