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UMBRAL DE RECUPERACIÓN

Eva Romero

¿Qué sucede cuando una hija pierde a su madre? Sucede que de repente te haces un montón de preguntas que, casualmente, solo la madre debería o podría contestar. La pérdida de una madre es siempre un proceso de redescubrimiento y reaprendizaje, una autoevaluación transformadora. Sucede que la vida sucede, sin ella, sin su guía, sin su mano. De pronto te vuelves autosuficiente.

El título de la exposición de Emilia Sandoval Nos buscas aún, nos buscas lugar es clave para iniciar la conexión con las imágenes representadas dentro de la sala, a partir de esto es fácil crear un vínculo con cada pieza, pues son objetos realmente cotidianos y presentes en la vida de todos, como las cartas infantiles hechas en la escuela, en una tarde o en un momento cualquiera, solo para recordarle a nuestra madre nuestro cariño (no lo fuera a olvidar); cartas que se vuelven testimonios de nuestros primeros intentos de expresarle a alguien nuestros sentimientos con las herramientas recién adquiridas en las primeras etapas escolares, como la escritura de trazos inseguros, inciertos, novedosos, dibujos amorfos de formas geometrizadas, mezcladas con los tesoros de la madre como persona.

El umbral de recuperación es el término empleado por la ciencia, que explica el proceso por el cual la memoria se activa ante la presencia de eventos cada vez más familiares, estimulando el recuerdo original. Los recuerdos y memorias siempre son compartidos, se mezclan con nuestras experiencias y también se transforman, se le añaden cargas disímiles, comienzan a cambiar sus formas, sus bordes definidos comienzan a serlo un poco menos. Tus recuerdos, los de ella –que de alguna manera son tuyos ahora–, serán la caja fuerte de sus anécdotas. De pronto, es la memoria el elemento más importante que tienes, el que comienza a darte miedo perder, lo quieres recordar todo y con lujo de detalle: el dedo que se pasea por la ceja espesa, el fuerte apretón de unas manos amorosas, el olor característico de la paciencia y la voluntad, de la protección y el amor. ¿Cómo has de conservarlo todo? ¿Cómo le dictas a tu cerebro cómo ha de almacenarlo todo? No es posible, el cerebro hace lo que puede y lo que necesita, roba fragmentos de ti y de ella y los mezcla en una nueva forma. El cuerpo, además del cerebro, también tiene memoria, la perpetúa en tus nuevos gestos e inflexiones, un poco tuyos, un poco de ella.

Cuando la madre muere, se vuelve más mujer que madre. Descubres la persona detrás de la madre, sus secretos y sus aficiones, sus colecciones y sus objetos importantes; es grato encontrar que muchas de tus aficiones también fueron de tu madre, te sientes más unida a ella. Los objetos cotidianos se vuelven ofrendas cargadas de significados personales, testigos mudos de la vida que se apaga, símbolos de transición. La obra de Emilia relata la vida y muerte de una madre a través de la reapropiación y reinterpretación de los objetos memorias que conserva de ella, para llevarlos a una resignificación personal con sus propias veladuras inmateriales dentro de un mundo material. Es por eso que la historia que cuenta la artista durante el recorrido de su exposición es una historia que bien podría ser contada por alguien más, es la historia que contamos los huérfanos porque su historia es la mía, la tuya, es una historia de soledad, ternura y fuerza.

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