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PREMIO FRANCISCO DE LA MAZA RESCATE DE LA ANTIGUA ESTACIÓN DEL FERROCARRIL DE OAXACA

Ana Rodríguez García

Desde hace 33 años, el Instituto Nacional de Antropología e Historia reconoce los proyectos más relevantes de restauración y conservación del patrimonio arquitectónico y urbanístico por medio del Premio Francisco de la Maza. El pasado mes de noviembre de 2018, el premio fue otorgado al Taller de Restauración de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca por su trabajo “Rescate y restauración del conjunto de la antigua estación del ferrocarril de Oaxaca” y entregado a su presidenta, la doctora María Isabel Grañén Porrúa, quien además de reconocer la importancia del inmueble, se comprometió con la recuperación y el uso del conjunto; al arquitecto Gerardo Virgilio López Nogales, que con dedicación dirige el Taller en su tarea de conservar el patrimonio del estado; al arquitecto Carlos Vichido Hernández, quien condujo esta intervención y cada uno de sus retos, y a todo el equipo que integra el Taller de Restauración. Se reconoce en este premio la loable participación de cada una de las personas e instituciones que iniciaron la gestión del proyecto, hasta llegar a quienes se sumaron a lo largo de la intervención para poder ver renovado el antiguo conjunto.

Ojalá que los antiguos cascos e inmuebles que han subrayado una época importante en la historia lucieran siempre renovados. De esta forma, la entrañable estación de los oaxaqueños se mostraría a nosotros ostentando la sutileza victoriana de su arquitectura, la maquinaria y los componentes que surcaron valles y montañas del estado trasladando a las multitudes. Sin embargo, este acertado sistema de comunicación duró apenas 122 años desde su inauguración, acentuada en la historia con la llegada del primer tren en el año de 1892. La estación del actual Barrio del Exmarquesado, aquella que había marcado el inicio de los nuevos tiempos y movimientos para Oaxaca, fue trasformada e invadida, perdiendo el tilde de su diseño y la composición arquitectónica.

El terremoto de 1931 abatió el torreón, y provocó con ello que la cubierta de tejas planas de barro y armaduras también fuera transformada en una cubierta de bóvedas catalanas con rieles que los muros no soportaban, lo cual causó daño en la estructura. En 1952 ocurrió el cambio de las vías angostas y en el 2012 un sismo más. En el transcurrir del tiempo, los vagones pasaron a ser propiedad de nadie y de todos, siendo despojados, rayados e incluso uno de ellos fue quemado. La bodega caía en partes debido al abandono y comenzaba la oxidación de sus armaduras de diseño del siglo XIX. Finalmente, en 2013, una parte de la barda se cayó hacia una de las avenidas principales que conducen al centro de la Verde Antequera. Se derrumbó como un ente que reclamaba atención.

En ese año de 2013, el Taller puso sobre la mesa la primera de las dos grandes etapas de rescate del conjunto, pronunciadas en favor del esfuerzo que realizaron una incontable cantidad de personas, tal vez desde antes de 1848 cuando Benito Juárez, gobernador del estado en aquellos años, expuso al Congreso la necesidad de comunicar a Oaxaca a través del ferrocarril. La realización del proyecto en sus dos etapas de restauración fue financiado por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, el municipio de Oaxaca de Juárez y el Gobierno federal, a través de los programas Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados, pertenecientes a la Secretaría de Cultura.

Fueron más de seis años los que transcurrieron entre la gestión y ejecución del proyecto. La notable recuperación se fincó en una minuciosa investigación fotográfica y de análisis de casos análogos, como el de las estaciones de Ciudad Ixtepec, Guanajuato y Aguascalientes, tan solo para poder reconstruir el torreón y la cubierta del edificio de la estación lo más semejante a como pudo ostentarse en la era del ferrocarril. Entre los trabajos más notables del edificio de la bodega se encuentran la recuperación de la composición y el ritmo de vanos y macizos, así como de la cubierta de armadura de acero, sin olvidarnos de los furgones, componentes del conjunto que también fueron restaurados. Cada detalle, vestigio, color o referencia fue cuidadosamente analizado para lograr una significativa recuperación de los elementos, incluso los antiguos letreros.

Al exterior, las áreas verdes fueron rehabilitadas para ser parte de un espacio en el que participaron directa e indirectamente artistas como el maestro Francisco Toledo a través de sus diseños, o la obra de Rodolfo Morales para recreación de sus nuevos ocupantes, que dan vida y dinamismo al espacio al abrir sus puertas como una extensión de la Biblioteca Infantil y Juvenil BS, o como el Museo Infantil de Oaxaca, que arropa a la niñez oaxaqueña y rememora su origen a través del Museo del Ferrocarril Mexicano del Sur.

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