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LA CASA VERDE

Haydeé Cruz

José Alfredo Santiago Jiménez cumplirá 59 años de edad, es de la comunidad de Asunción Ixtaltepec en el Istmo de Tehuantepec. Tras los sismos de septiembre, su vivienda casi colapsó. La Fundación Alfredo Harp Helú, a través del Taller de Restauración, le ofreció su ayuda para restaurarla y conservar su estilo tradicional.

El señor Alfredo es hablante del zapoteco, se dedica al campo, a sembrar maíz y también le ayuda a ordeñar vacas a su papá. Tiene más de veinte años viviendo en el rancho que compraron sus papás. En un principio, el rancho tenía únicamente la casa, pero luego le pusieron barda y lo rentaron. Cuando se iba a casar, el señor Alfredo arregló el rancho para irse a vivir con su esposa.

Sentado debajo de un árbol narra lo sucedido el pasado 7 de septiembre. Menciona que se encontraba dentro de su casa viendo una película, de repente escuchó un ruido, apagó la televisión y salió al patio: “Sonó la puerta, parece que están golpeando la puerta, me agarró así de marometa, empecé a rodar como una pelota”. Ya en el patio, recuerda haber visto cómo la casa se cuarteaba, había mucho polvo y el poste de electricidad se movía de un lado a otro, de tal modo que llegó a pensar que se caería sobre la cubierta. Fue cuando sufrió una caída y se le fracturaron unos dedos de los pies, hubo un momento en que no se podía levantar, lo cual le dio coraje y entonces habló fuerte: “¡Síguele Cristo, síguele! Si ya estoy golpeado, le grité y al rato otra vez, no te canses Cristo, ¡síguele!”.

Debido a los movimientos del sismo la vivienda quedó cuarteada, lo cual significó un daño muy grave. Es por eso que hoy, como hace meses, el señor Alfredo volverá a dormir en la camioneta del patio de su casa, ya que al verla en esas condiciones ya no quiso entrar: “Cuando se termine, si Dios quiere, entonces ya voy a entrar ahí”.

Alfredo vive solo, su casa era de ladrillos y calidra, con cubierta de tablas, morillos y tejavana: fachada con dos ventanas y una puerta principal; gracias a los trabajos realizados, mucho de ese material fue rescatado y es utilizado para la reconstrucción.

El papá del señor Alfredo ya había mandado traer la máquina para demoler la casa, pero el equipo de la FAHHO le habló sobre el proyecto de rescate de arquitectura vernácula y él aceptó participar. “Está bueno que me están apoyando. Mucha gente me dice: ‘¡Qué suerte tienes José!’, Gracias a Dios, les dije, del cielo cayó la suerte. Pues sí, estoy feliz”, comenta.

Con melancolía recuerda que hacía dos meses acababa de pintar de verde su casa y menciona con alegría: “Será de color verde de nuevo, ¡se ve bonito!”.

Don Alfredo afirma que con la ayuda que está recibiendo está conforme, y que sólo espera que su casa sea terminada. Les da las gracias a los encargados de la Fundación y menciona que al terminar su vivienda los invitará y les ofrecerá una comida para agradecerles. Buscará a alguien que le ayude a traducir su idioma al español, para que ellos comprendan sus palabras. Además, les manda: “Un millón de gracias y que Dios los bendiga”.

Su vecina, la señora Lupita, que lo conoce desde hace mucho tiempo, le ayuda a conversar con los arquitectos y con las personas que no hablan el zapoteco. Nos comparte que Alfredo “está feliz de que hagan su casa, y que les da las gracias y que sí era lo que quería.”

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