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FESTEJO DE GRANDES LIGAS EN LA ACADEMIA

Agustín Castillo

Apenas pasaron nueve años para que la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú tuviera de regreso a los primeros egresados que ya alcanza- ron la cima del firmamento beisbolero. Jugadores de grandes ligas y campeones mundiales estuvieron en San Bartolo Coyotepec para recibir un justo homenaje, y dejar un testimonio irrefutable del buen funcionamiento del programa establecido el 12 de noviembre de 2009.

Con los mismos ojos de sorpresa que cuando llegaron por primera ocasión, Roberto Osuna, Víctor Arano y Giovanni Gallegos volvieron a recorrer los rincones de las instalaciones que se han adecuado a los tiempos modernos, pero que conservan la esencia que mezcla beisbol, cultura y educación.

Mientras se acercaba la hora de la ceremonia, encabezada por don Alfredo Harp, los tres ligamayoristas mexicanos tuvieron la oportunidad de conocer a cuatro de los seleccionados sub-23 que días antes conquistaron el título mundial en Colombia.

Como en el día de la inauguración, representantes de los medios de comunicación aguardaban con inquietud el inicio del evento, lo mismo que los pequeños invitados de la Liga Infantil Monte Albán, quienes buscaban a sus ídolos y esperaban la oportunidad de llevarse alguna firma en sus gorras.

Al tomar la palabra, don Alfredo Harp expresó que desde sus primeros años dentro del beisbol profesional imaginó crear un espacio como el que hoy está de fiesta, un sitio que no tuviera comparación en América Latina. También recordó el largo proceso de espera para cumplir con los requisitos para iniciar su construcción.

Durante la conferencia, fue Roberto Osuna quien tomó la palabra con más frecuencia, siempre muy orgulloso por ser el primer egresado que escaló a las Ligas Mayores. Esto sin olvidar que antes de firmar con los Azulejos de Toronto debutó con los Diablos Rojos del México en 2011, cuando se convirtió en el jugador debutante más joven en la historia de nuestra pelota profesional.

Giovanni Gallegos, actual lanzador de los Cardenales de San Luis, arrancó aplausos cuando contó que su estancia en Oaxaca fue mucho más corta que la del resto de sus compañeros. Comentó que también sentía que el tiempo era su principal rival, por eso, cuándo vio los campos por primera vez, confirmó que verdaderamente su futuro estaba en el rey de los deportes.

Fue muy emotivo observar que, a pesar de cierto nerviosismo, la mirada de Gallegos se dirigía constantemente a los asistentes de menos edad, a quienes aconsejó: “No permitan que su estatus social limite sus sueños. El dinero no es la diferencia para llegar adonde se lo propongan”. A conti- nuación confesó que cuando le pre- guntan en Estados Unidos la razón por la que no hay más compatriotas de aquel lado, le gusta responder que es porque se están preparando muy fuerte para no fallar a la hora cero.

Miembro de una dinastía de gran prestigio en el beisbol nacional, Víctor Arano, de los Filis de Philadelphia, viajó por el tiempo para señalar las hazañas de sus tíos Ramón y Wilfredo, quienes a pesar de no alcanzar las grandes ligas, brillaron en los juegos amistosos que sostuvieron ante sus equipos, cuando fueron parte de los Diablos Rojos en la década de 1960.

“Teo”, como era conocido cuando ingresó a la Academia, aprovechó para agradecer a cada uno de sus coaches el tiempo que le dedicaron, lo mismo que a todo el personal que se preocupó para que nada le faltara mientras se encontraba lejos de su familia. De igual forma, aseguró que cuando llegó a la Unión Americana, le resultó más sencillo adaptarse al régimen de entrenamiento, que es muy parecido al que se emplea en San Bartolo Coyotepec.

Un precioso jaguar de barro negro fue el reconocimiento que se llevaron los campeones mundiales sub-23 que asistieron a la ceremonia, además de llevarse palabras de aliento y motivación de cada uno de los invitados especiales.

Cuando el evento estaba cerca de culminar, un peloterito de la Liga Monte Albán se armó de valor para lanzar una pregunta que seguramente era una inquietud de sus compañeros. “¿Qué tengo que hacer para ser como ustedes?”. Como si buscara hacer un doble play, Roberto Osuna tomó de inmediato el micrófono y le respondió: “Por ahora estás muy chiquito, pero puedes empezar disfrutando tu infancia, sin perder el objetivo. Estoy seguro de que lo vas a lograr”.

Así concluyó el primero de los fes- tejos por el noveno aniversario de la Academia de Beisbol Alfredo Harp Helú, una fiesta de diez, entre egresa- dos brillantes, monarcas universales y futuros prospectos.

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