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CUARTO TALLER DE TRADUCCIÓN LITERARIA A LENGUAS INDÍGENAS

Rasheny Lazcano Leyva

Imaginemos que todo el que quiera aprender a leer español está atado a tres posibles contenidos para practicar: los primeros son los textos religiosos tales como Biblias y libros de catecismo en general, los segundos son los cuentos que te cuentan tus abuelos, historias sobre la creación del mundo, el ciclo de la vida y de dónde viene lo que te rodea, y por último, los contenidos que el Estado ha editado a lo largo de ochenta años, quince folletos cuyos temas van desde el Himno Nacional Mexicano, la Constitución Mexicana, hasta normas de cómo se debe escribir la lengua, entre otras cosas. Sobra decir que esto es un panorama prometedor si tu variante de español es lo suficientemente importante dentro del escenario lengua-posición geográfica-número de hablantes para poder llegar a ser considerada lengua meta de una traducción. Porque si no es así, puede que lo más cercano de lo que te encuentres para leer sean estos contenidos, pero en portugués o francés.

Éste es el panorama de contenidos para leer que tienen la mayoría de las lenguas indígenas de México, y aunque no quiere decir que los esfuerzos ya realizados sean inútiles o carezcan de importancia, la cantidad de contenidos de literatura de ficción entre español y lenguas indígenas es, por decir lo menos, incomparable.

Teniendo esto en cuenta, la BIJC creó hace cinco años el Taller de Traducción Literaria en Lenguas Indígenas, un taller con la misión de poner al alcance de la población hablante de una lengua indígena, especialmente del estado de Oaxaca, contenidos de literatura universal que cubran un rango muy amplio de temas, de géneros y dificultades de lectura.

¿Cómo puede haber lectores si no hay qué leer? ¿Cómo puede haber una tradición de plasmar historias nuevas por escrito, si sabes que con dificultad alguien tendrá la habilidad de leerlos?

Estas preguntas fueron el tema central para los quince asistentes de este año que, aparte de abordar teoría de la traducción, también discutieron ampliamente otros temas, como los diferentes matices y justificaciones que implica traducir contenidos a una lengua, oponer contextos y realidades entre lenguas; es decir, si bien hay algunas variantes de lenguas como el mixe y el zapoteco, que han pasado por procesos de creación de contenidos reiniciados hace treinta años, lo que conlleva a que en estos días tengan una gran producción editorial, en las demás lenguas hay que iniciar estos procesos y apoyarlos.

¿El lector nace o se hace?

Haciendo un repaso, la experiencia más importante que nos han dejado estos primeros cinco años de Taller de Traducción Literaria es que la oferta de contenido atractivo y moderno crea demanda lectora. Dicho en otras palabras: no hay que tener miedo de que no haya lectores en una variante de una lengua determinada para hacer contenidos, sino por el contrario, hay que tener los contenidos listos para que el día que la curiosidad lectora nazca en cualquier persona, los contenidos estén listos. Ya que por experiencia tanto de traductores, como de talleristas… ¡Los lectores siempre llegan!

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