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NADIE SABE QUIÉN ES, SI NO SABE DE DÓNDE VIENE

Víctor Mendoza / Perla García

No se trata de recrear y de aplicar los estilos del pasado a la realidad actual, no se trata de edificar historicismos, se trata de aprender las lecciones del pasado, de la ciudad tradicional que sigue aún brindando los espacios más adecuados para la convivencia de los habitantes del siglo XXI, de retomar su enseñanza y de aplicarla en el diseño de la ciudad contemporánea.

Carlos Arvizu

Los patrones culturales de un grupo de personas se relacionan directamente con el espacio y contexto en el que se desenvuelven: la forma de comunicarse, de transmitir un mensaje, de solucionar un problema y hasta de vivir. Alrededor del planeta, distintas civilizaciones se jactan del legado cultural que sus ancestros construyeron a través de sus artes, y México no es la excepción.

La arquitectura, desde la prehispánica hasta la contemporánea, es un lenguaje que transmite el conocimiento de las civilizaciones mediante el uso de patrones arquitectónicos. La correcta articulación de los elementos en la arquitectura tradicional mexicana deja al descubierto la importancia que nuestros antepasados le daban al contexto en el que se ubicaban, es decir, la arquitectura estaba determinada más por su integración al medio natural que por su estética, pues esta vendría por añadidura si la armonía, el orden y proporción se relacionaban directamente con su medio. Como menciona el gran estudioso Arvizu, la arquitectura formaba parte de la naturaleza y, con ella, el agua, el aire, el cosmos y hasta los fenómenos naturales como sismos y erupciones volcánicas.

El valor de la conservación de este fabuloso legado que es la arquitectura tradicional radica precisamente en el conocimiento cultural e histórico de nuestra sociedad, nadie sabe quién es si no sabe de dónde viene. Estas ciudades desarticuladas que se construyen, sin orden ni concierto, sin imagen, sin proporción, poco humanas e insostenibles, son resultado de la desvalorización que se le da a nuestra arquitectura tradicional. No hablamos de recrear ni generar historicismos, sino de recuperar el ADN de nuestra identidad arquitectónica.

Absorbidos por una falsa concepción de desarrollo y estética, nuestra arquitectura ha dado un vuelco al representar una forma sin fondo, estética sin objetivo, respuestas sin preguntas. La arquitectura contemporánea debería ser un escaparate de las tradiciones culturales y sociales a través del uso de un sinfín de elementos individuales que expresen una razón de ser en el todo que es la ciudad.

No obstante la problemática en la que este patrimonio tangible se halla inmerso, la Casa de la Ciudad, el Centro de las Artes de San Agustín y la UNAM a través del Laboratorio de Procedimientos y Sistemas Constructivos Tradicionales, como alternativa para una arquitectura sustentable, suman esfuerzos para realizar acciones que fomenten la conservación, el rescate y la difusión de la arquitectura tradicional a través de la exposición La naturaleza en el habitar, la cual se presenta en la sala de exposiciones de la Casa de la Ciudad, y en la que se hace un detallado análisis de procedimientos constructivos en diversos estados del país, como Oaxaca, Puebla, Hidalgo, Yucatán y Colima, rescatando el proceso de construcción mediante una memoria fotográfica, el uso de maquetas y láminas en las que se exponen las características del sitio en el que surge y evoluciona el sistema.

La exposición guía al visitante hacia la construcción tradicional de vivienda, usando diferentes sistemas, como el muro de tapial, adaptado a ciertas características de la zona en la que se desarrolla; el uso de piedra para la construcción; el bajareque; hasta las construcciones que cumplen otras funciones, ya sea de protección (como el refugio de pescadores en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca), recreación (como la plaza de toros conocida como la Petatera, en hidalgo) o incluso para la curación y relajación, ejemplificado con el temazcal.

El paso hacia la arquitectura sustentable no se encuentra en sofisticadas tecnologías, sino dando la vuelta hacia nuestros pueblos, sus tradiciones y el legado cultural que proviene desde la época prehispánica. La gente de la población se une para la creación de estos espacios, la integración se hace latente, se recupera el sentido de comunidad, los valores tradicionales regresan, el conocimiento de la naturaleza y la relación armónica que debe guardar el ser humano con ella, los materiales se vuelven entes que deben ser entendidos para poder utilizarlos, logrando que el mantenimiento se reduzca al mínimo, que la construcción funcione casi de manera perfecta. El usuario con su cuerpo va modelando el espacio, sus manos son partícipes activas de cada piedra colocada, de cada muro que se va levantando, y así el conocimiento se transmite con base en las experiencias, de manera oral y haciendo las cosas.

La naturaleza en el habitar es una exposición que entiende las relaciones internas que posee una estructura, el entorno y el artesano que la realiza. Cada una de éstas se vincula directamente con las creencias, y nos muestra cómo el procedimiento artesanal logra estrechar la relación de la estructura con su creador. Con ello obtiene como resultado un acoplamiento único.

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