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LA BIBLIOTECA DE LAS LENGUAS DE OAXACA

Alejandra Méndez

Bi tijnajtjóbi kjoabitsjén la indena.

Aquí está guardada la memoria de mi pueblo.

Gabriela García (Mazateco)

En el centro de la Ciudad de Oaxaca, en el segundo piso del interior del ex-convento San Pablo, se encuentra la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC para los amigos), un espacio tan silencioso, que a veces parece que no hay nadie, pero si se observa con detenimiento a través de los cristales, se pueden notar mesas y sillas de madera (rústicas dicen los visitantes) y sobre los muros, enormes libreros, con puertas enormes, también de madera, que van de piso a techo, en donde son resguardados cientos de libros que cuentan historias de hombres y mujeres que quisieron compartir su conocimiento con el mundo. También se observan personas leyendo o con computadoras portátiles y audífonos o celulares, enfocando su mirada algunas veces en lo que hay sobre su mesa y otras hacia el techo, pareciera que buscan algo entre las vigas.

El lugar tiene ese aire común de una biblioteca conventual, que atrae a muchos y muy diferentes visitantes; por ejemplo, a aquellos que tienen gusto por las construcciones antiguas; a los que tienen curiosidad por descubrir y recorrer los pasajes ocultos de un ex- convento y/o a los que tienen interés por saber qué fue lo que hicieron los arquitectos para recuperar y restaurar el lugar; pero también atrae a otros visitantes, a esos que saben que hay una biblioteca con acceso libre a internet, o a aquellos que llegaron por casualidad y/o a aquellos que identifican el espacio, como el de la biblioteca especializada de las lenguas de Oaxaca y de los textiles del mundo.

La BIJC, con apenas seis años de existencia (es una de las bibliotecas más nuevas de la ciudad), ha logrado posicionarse como una institución cuya razón de ser es la defensa, promoción y preservación de las lenguas (en especial las de Oaxaca, pero no únicamente), y los documentos mesoamericanos. Para ello, se ha conformado un equipo de trabajo multidisciplinario, en donde historiadores, lingüistas, literatos, bibliotecólogos, administradores, antropólogos, museógrafos, restauradores (en la mayoría de los casos sólo es una persona, pero en plural suena más interesante), entre otros, algunos, hablantes de alguna lengua oaxaqueña, han logrado integrar su conocimiento para cumplir el objetivo de la biblioteca, y de esa manera, proponer y llevar a cabo actividades, servicios y múltiples proyectos académicos y culturales que, además de ser presentados en el espacio propio de la biblioteca, son llevados a otros lugares (instituciones, comunidades, estados, etc.), en donde es significativo compartir la información.

La Biblioteca de Investigación Juan de Córdova ha logrado hoy ser un espacio en el que los investigadores, expertos en lingüística y filología mesoamericanas y/o sus familiares, empiezan a ver la posibilidad de preservar y trascender su legado bibliohemerográfico y documental, antes que venderlo o llevarlo al extranjero. Comunidades de Oaxaca empiezan a considerarla como la opción para preservar la historia de su pueblo, plasmada en documentos inimaginables y a los que sólo personas con autoridad pueden acceder. Esto se nota todos los días, cuando escritores de diferentes lugares de Oaxaca y del mundo vienen a donar o por cualquier otro medio hacen llegar copias de sus publicaciones para los interesados en el tema, cuando familias de investigadores deciden trasladar bibliotecas completas, a cambio de preservar y dar acceso a las mismas, o cuando autoridades de alguna comunidad acuden a solicitar apoyo para documentar, restaurar, preservar o identificar documentos valiosos para sus pueblos.

En agosto cumplimos seis años trabajando por el conocimiento y el fortalecimiento de las lenguas y las culturas de Oaxaca, y la historia de la BIJC se sigue escribiendo y se seguirá escribiendo mientras haya documentos que recuperar, colecciones por mostrar, materiales por preservar, historias que ayudar a escribir, reescribir o interpretar, mientras no se nombre a las lenguas, lenguas, mientras haya lenguas por defender y mientras haya quien necesite de un libro y un espacio para leerlo.

No sé si en verdad alguien ya construyó la Biblioteca de Babel de Borges, pero creo que cada biblioteca tiene un poco de ella y ésta no es la excepción. Gracias por creer en este pequeño universo.

¡Guruhuat daran’ nej re’!

¡Gracias a todos!

Juan Vásquez (Triqui)

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