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IVÁN TERRAZAS, DIEZ AÑOS DE SER ROJO

Agustín Castillo

Cuando Iván Terrazas fue nombrado el Novato del Año de la Liga Mexicana de Beisbol en 2006 con Monclova, lo último que pensó es que duraría muy poco tiempo con el uniforme azul, un año más, para ser precisos.

En uno de los movimientos más sonados y agresivos del nuevo siglo, los Diablos Rojos del México obtuvieron al exprospecto de Atlanta, a cambio de Saúl Soto, un jugador consagrado desde hacía varias temporadas.

La negociación tomó por sorpresa a Terrazas. El cambio lo alejaba de amistades muy cercanas a su familia, en una ciudad que no muchos logran conquistar como él lo hizo.

De ser un jugador insignia, “El Terrible” pasó a ser la sangre nueva de un vestidor plagado de jugadores con carreras brillantes en México y en el mundo. Jamás hubiera imaginado que su llegada a la Pandilla Roja era el inicio de un cambio generacional en la organización.

Su contratación implicó que el equipo tuviera un auténtico representante de la capital del país, donde nació el 11 de noviembre de 1983; además de que esa juventud brindaría frescura a un equipo poderoso, pero poco dinámico.

La adaptación fluyó desde el momento en que su nuevo mánager sería Daniel Fernández, quien estaba a unos días de dejar los diamantes como jugador para enfocarse en su tarea como estratega.

Daniel vio en Iván al elemento que podía ocupar el lugar que él dejaría vacante, y se encargó de abastecer de consejos al nuevo integrante de la familia escarlata.

Resultó muy significativo que, en su primer turno como Diablo, “El Terry” conectó un home run de dos carreras, un batazo que permitió al “Danny” Fernández anotar su carrera 1837, la última en su vida profesional, y que lo ubica como el líder de esa especialidad en todos los tiempos.

En un deporte lleno de códigos, los seguidores colorados entendieron que algo muy especial estaba por ocurrir, y ocurrió. La felicidad se prolongó por meses, hasta que el México obtuvo su campeonato 15. Diez años y doce temporadas después, debido a los nuevos formatos de competencia, han dejado a Iván Terrazas como el único elemento activo de aquel equipo que jugaba enfrente del Palacio de los Deportes. Con la mayoría de sus excompañeros convertidos en instructores o de plano alejados del rey de los deportes, el Capitán Rojo mantiene el deseo intacto de competir contra quien sea.

Dos campeonatos de verano, tres de invierno, y el cariño de una fanaticada que no ha dejado de animarlo, son las razones que encuentra para explicarse que hizo bien al cambiar la astronomía por el bat y la pelota.

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