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#20 AÑOS MUFI

María Isabel Grañén Porrúa

Hace veinte años se consolidaban nuestro amor de pareja y el deseo de servir a nuestro país. El rumbo no estaba definido, pero las ideas brillaban: “Haremos un museo de filatelia con mi colección de estampillas postales” –me dijo Alfredo Harp Helú. No imaginábamos, ni remotamente, lo que vendría después. Aquellas visitas a las embajadas en busca de timbres del mundo y las buenas oportunidades para adquirir estampillas postales de nuestro país dieron fruto en aquel sueño.

En un gesto de amor por México, Alfredo restauró y remodeló una casa en el Centro Histórico de Oaxaca, justo enfrente de lo que sería el Jardín Etnobotánico en el exconvento de Santo Domingo, proyecto en el que también participaba. El entusiasmo sumó a algunos aliados como José Sayeg Helú quien donó su apreciada colección, y Manuel Cossío Gabucio quien donó la biblioteca filatélica de su padre, José Lorenzo Cossío y Cosío, para que estuviera a disposición de los investigadores especializados y del público interesado. En julio de 1998, acompañados por Alfredo Harp Calderoni, inauguramos el MUFI. Sin proponérnoslo, poníamos el primer cimiento de la Fundación Harp Helú en Oaxaca.

¿Quién iba a decir que a lo largo del tiempo miles de personas han acudido a este lugar y cientos de ellas han donado millones de estampillas postales y hermosas cartas a nuestro adorado MUFI?… Poco a poco, el Museo también se convirtió en un referente obligado para los filatelistas, quienes han visto la importancia de compartir públicamente sus colecciones, así como el desafío de fomentar –en épocas donde la tecnología digital domina nuestras vidas– el gusto y aprecio por la filatelia.

Alfredo Harp estaba y sigue convencido de que los timbres postales son un instrumento didáctico por excelencia. La diversidad de temas que abordan hace que esos diminutos grabados, que permitieron durante siglos la comunicación entre los países, se conviertan en testigos de la historia de la humanidad ¡Cuánto hemos aprendido a partir de ellos!

Estos veinte años representan emociones y logros de esfuerzos conjuntos.

El MUFI, como decía, fue el primer peldaño de lo que vendría después, una escalada de proyectos culturales, deportivos, sociales, educativos, medioambientales, de salud y de fomento a los proyectos productivos que día a día crecen y se consolidan. Todo esto no sería posible sin el gran equipo de colaboradores que se han unido a nuestras filas. Ese equipo que cree firmemente en que juntos podemos construir un México mejor, comprometido con nuestra sociedad, con nuestra historia y que apuesta por un futuro más humano.

En el MUFI hemos logrado crear un rincón cálido en la vida cotidiana de la ciudad; un lugar de encuentros donde se forjan amistades que comparten fines comunes. Nuestra casa va creciendo, empezamos con dos patios, se sumó el de la hermosa jacaranda que nos arrancó el alma, luego llegó el del cactus y ahora, después de esperar veinte años, la vida nos dio la oportunidad de adquirir la casa en ruinas de la esquina, esa que todos hemos querido sacarle una foto a su fachada, esa que ahora también será el nuevo hogar del Museo de Filatelia de Oaxaca. El recorrido de estos primeros dos décadas ha sido fascinante, la gran cantidad de logros enriquece nuestras vidas.

Así, las palabras vienen y van, llevan el alma de algún enamorado, los consejos de un padre que vive lejos, algunos recuerdos de países remotos… Son papeles que vuelan, llegan y van gracias a las estampillas postales, grabadas con arte y talento, sobres sellados de aquí y de allá…

Pero ojo, mucho ojo, porque un error los hace ser más valiosos. Sí, así como diría el poeta Pablo Carvajal:

Todo empieza con un error
y en él uno se percata de la propia existencia,
se entera de la propia vida,
se da cuenta que todo apenas empieza.

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