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DE LOS TALLERES DEL MUSEO TEXTIL A MI VIDA

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Daniel García

A finales de 2010 se comenzó el rescate de la indumentaria tradicional de San Sebastián Tutla. Varias mujeres ancianas mostraron blusas bordadas que usaron sus madres y abuelas, pero al paso de los años, las blusas existentes comenzaron a des- gastarse. Teníamos un problema: no había quién pudiera elaborar blusas nuevas, la técnica de pepenado de hilván se había perdido en esa comunidad. Fue entonces que me interesé en aprender esa técnica, pero no sabía dónde, cuándo ni cómo. Pasaron dos años y a mediados del 2012 salió un anuncio en las redes sociales del Museo Textil donde se anunciaba un taller: “Hazme si puedes”, no recuerdo el título exacto, pero sí el nombre de la instructora: Miriam Campos.

Aquél fue mi primer encuentro con una aguja, pues no sabía ni poner un botón; tenía 20 años. En el taller nos enseñaron el modo de operar del hilo sobre la tela. La instructora fue muy noble: nos explicó hasta el más mínimo detalle. No sólo aprendí una técnica textil, aprendí a revivir los recuerdos de las abuelas de una comunidad. En 2016 gané el Premio Estatal de la Juventud, con el mérito de haber “investigado” la blusa de San Sebastián; fui postulado por el presidente municipal, dado que su familia fue una de las que me proporcionó las blusas que pude replicar.

En 2015 llegó el arte de Tamara Rivas al MTO, se abrió un taller y me cayó como anillo al dedo. Fue cuando seguí con el pueblo de al lado, el pueblo donde nací: Santa Lucía del Camino. En Santa Lucía encontré blusas de mujeres que ahora han fallecido, quienes me mostraron formas e hilos. Algunas blusas llevaban randa de aguja, y otras más, tejido de gancho con hilo crochet. La nueva meta ya no eran las técnicas textiles, sino obtener buenos materiales con los cuales elaborar las blusas, por ejemplo: hilos de seda teñidos en grana cochinilla, añil y pericón. Para mi buena fortuna, el MTO abrió una hiloteca y ahí encontré exactamente lo que necesitaba.

La blusa que presenté para la instalación colectiva que celebró el décimo aniversario del MTO es uno de mis más grandes logros y fue el Museo quien me permitió encontrar estas técnicas y materiales.

Hoy en día, continúo con la elaboración de blusas e investigación en pueblos del Valle, en los cuales pareciera ser que el arte textil es inexistente. Charlo con abuelas y me muestran sus blusas guardadas en baúles o almohadas, estudio sus puntadas y, tal como fue el aprendizaje en el Museo Textil, ahora organizo talleres con mujeres y hombres en las comunidades, para re- vivir la ropa que muchos han olvidado.

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