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EL PASAPORTE DE CLAUDIO LINATI, PRIMER LITÓGRAFO EN MÉXICO

 

Sebastián van Doesburg (FAHHO-UNAM)

Los acervos de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC) se enriquecieron recientemente con un documento de cierta fama: el pasa- porte que el gobierno mexicano expidió a Claudio Linati en septiembre de 1826. Para poner este Tesoro FAHHO en perspectiva, dibujaré brevemente el contexto de este documento.

El 23 de noviembre de 1825 se callaron los cañones de San Juan de Ulúa y el último reducto del poder español capituló. Apenas dos meses antes había arribado a estas tierras el italiano Claudio Linati (1790-1832) con el objetivo de instalar una máquina recién inventada, reflejo de la nueva época industrial y la modernidad europea: una prensa litográfica –creada en Alemania en 1796– que iba a encontrar su lugar en la calle de San Agustín (hoy República de Uruguay) en la Ciudad de México. Ya desde abril de 1825 Linati había gestionado desde Bruselas, y con el apoyo de diplomáticos mexicanos en Europa, lo necesario para poder establecerse en México. Aunque en- fatizaron la utilidad de la empresa, su estancia en Bruselas y su deseo de mudarse a México obedecían a la vez a causas políticas: él y sus socios cultivaron ideas revolucionarias y habían participado en movimientos político-insurgentes en Italia y en España, por lo que vieron restringidas sus posibilidades de regresar al Mediterráneo.

Curiosamente, la primera litografía producida por lo que Linati llamó la ‘Litografía Nacional’ en México fue un retrato del papa León XII. De ésta no sobrevive ejemplar alguno. Luego, el 8 de febrero de 1826, salió el primer número de la revista El Iris, publicado por Linati, su compatriota Florencio Galli y el poeta cubano José María Heredia. Hoy en día, es una publicación extremadamente rara, con sólo tres series incompletas conocidas (Hemeroteca Nacional, Biblioteca Nacional y Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale). Aunque en principio dirigido al “bello sexo”, con secciones de literatura, música, teatro, artículos de divulgación cultural y moda, se distinguía más bien por un espíritu crítico, satírico, y pronto fue señalado como un medio subversivo y radical.

El último número salió en septiembre de 1826, ya que los encendidos textos, críticos del gobierno, resulta- ron en que éste le sugirió a Linati, de manera discreta, abandonar el país. Para este fin, el gobierno le expidió un pasaporte formal, hoy conservado en la BIJC, en donde se le reconoce como “Introductor del establecimiento litográfico en la República”. Hacia fines de 1826 abordó el barco Conveyance, rumbo a Nueva York, y de allí de regreso a Amberes y Bruselas. En este último lugar, entre otros materiales, publicó sus famoso libro Trajes civiles, militares y religiosos de México (1828) con 48 litografías coloreadas en acuarela. Unos años después, en 1832, Linati decidió regresar a Mé- xico, pero, apenas dos días después de desembarcar, murió de una fiebre maligna. Mientras tanto, las prensas de Linati fueron usadas por el co- nocido y algo fantasioso anticuario francés Jean-Frédéric Waldeck (1776- 1875) -quien había arribado en 1825 a México, conoció a Gali y Linati, y había sido alumno del maestro del neoclasicismo Jaques-Louis David para publicar una serie de dibujos litográficos para el Museo Nacional en 1827. Posteriormente, las prensas se quedaron en la Academia de San Carlos.

La litografía fue el primer método de imprenta radicalmente innovador desde la invención de la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutenberg, creada alrededor de 1440 e introducida en la Nueva España en 1539 (aunque los chinos ya imprimían en tipos móviles desde inicios del siglo XI). La litografía significó, sobre todo, una segunda revolución en la impresión de imágenes. Con ella se inicia la época de los libros y revistas rica- mente ilustrados para la nueva clase media, llenos de imágenes de moda, de caricatura política y otras novedades gráficas. El pasaporte de Linati queda como una huella tangible de la introducción de esta modernidad en tierras mexicanas.

Para leer más:
-Núñez Ortega, Ángel. “Origen de la Litografía en México”. En: Memorie Parmensi per la Storia del Risorgimen- to. Vol. 4. Parma, Tipografia già cooperativa, 1935, pp. 350-352. -O’Gorman, Edmundo (comp.). Docu- mentos para la historia de la litografía en México, con un estudio por Justino Fernández. México, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, 1955.

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