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LA FINAL ESPERADA

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Agustín Castillo

“¡Orlando Piña mandó esa pelota a volar, y los Diablos van a buscar el tricampeonato de la Liga Invernal Mexicana!”. Ésa fue la crónica del máximo momento de gloria del joven receptor escarlata, un home run que hizo realidad un sueño, Diablos y Guerreros chocarían por primera vez en una final. Antes del cañonazo de Piña, la historia estuvo a 47 segundos de modificarse, cuando los campeones defensores parecían liquidados. Iván Terrazas conectó una rola que lucía para doble play, que el segunda base de Salamanca no manejó adecuada- mente, dejando el marco perfecto para la novena entrada más emocionante de los Diablos Rojos desde que llegaron al Fray Nano. Orlando Piña atacó con furia el primer lanzamiento de Juan Rodríguez y provocó un festejo colectivo que será más recordado que el atípico frío dominical de ese medio día de locura.

Los Guerreros de Oaxaca estaban ansiosos por saber si viajarían a la Ciudad de México, o se quedarían en casa para enfrentar a los Petroleros. La tribu, que requirió un último triunfo en el rol regular para no perderse la postemporada, definió su semifinal sorpresivamente rápido, en únicamente tres encuentros ante los Toros Bravos de Moroleón.

Había quedado definida la final soñada, la que se acarició durante tres décadas, la que serviría para homenajear el trabajo de la Academia Alfredo Harp Helú, la que demostraría que jugar dos años con elementos nacidos en México fue lo correcto. Guerreros y Diablos estaban listos para definir al campeón invernal por tercera ocasión consecutiva, pero ahora desde trincheras diferentes. Desde siempre, escarlatas y bélicos anhelaron enfrentarse por un campeonato. El marco resultó inmejorable, los dos clubes más preocupados por mantener con vida la LIM llegaron hasta las últimas consecuencias. Resultó imposible pronosticar un favorito claro, tomando en cuenta que ambas novenas se conocían de sobra; la imparable racha de Oaxaca pondría a prueba la consistencia del México. La seriedad y prestigio de ambas organizaciones, además del aforo de los estadios Fray Nano y Eduardo Vasconcelos, provocaron que la Serie Final resultara la más vista en sus primeras tres ediciones. Aparte de las plataformas digitales de los equipos involucrados, dos señales de televisión restringida se sumaron para seguir en vivo cada uno de los juegos.

Con la emoción a flor de piel, minutos antes del playball fueron convocados los jugadores de ambos equipos, egresados de la Academia AHH. Una foto histórica reveló que el 75 por ciento de los participantes completaron el proceso de preparación en San Bartolo Coyotepec.

El ritmo de los Guerreros de Oaxaca prevaleció en el primer juego de la Serie Final, donde lograron sorprender a los Diablos 3-2. Con ese resultado se incrementó la idea de un compromiso largo, algo que no sucedió, a pesar de que los tres primeros duelos se definieron con diferencia de una carrera.

El tricampeonato para los escarlata llegó en un quinto juego que plasmó la historia de toda la serie. Era el últi- mo juego de los Guerreros en su casa, con una afición escéptica de que su equipo pudiera triunfar cuatro veces consecutivas. Tras un juego de volte- retas, Oaxaca llegó abajo en la novena entrada; a tres outs de ceder la corona a los capitalinos, pero con el deseo in- tacto de continuar en la batalla.

Para el episodio 13, los Diablos tenían más armas para definir la emocionante batalla, y así lo hicieron. Daniel Jiménez, quien resultó el Jugador Más Valioso, prendió un lanzamiento que llegó hasta la barda, impulsando dos carreras que ya eran demasiado para unos Guerreros que todavía intenta- ron, sin éxito, mantenerse con vida.

La bravura de los derrotados hizo más intenso el festejo de los gana- dores, que durante diferentes etapas del 2017 acompañaron a su manager, Víctor Bojórquez, en tres campeona- tos en ligas de desarrollo.

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