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ANA MARÍA ALARZÓN, HEROÍNA DE TRADICIÓN

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Lorena de la Piedra

Con el fin de dar a conocer el trabajo de grandes maestros de la tradición, presentamos el andar de doña Ana María Alarzón, originaria de Santa María Atzompa, municipio que se encuentra a 20 minutos del centro de Oaxaca, proveedor de utensilios de barro natural y vidriado para las cocineras tradicionales.

Doña Ana lleva más de 40 años tra- bajando en su taller, el cual ha tenido que ir creciendo a medida que crece la familia. Madre de 9 hijos y abuela de 14 nietos, ha transmitido el cono- cimiento del proceso de elaboración de manera implícita. Ella asegura que jugando se empieza con la tradición.

Figuras como los borregos donde crece la chía, apastles, chilmoleras, floreros y vajillas son las piezas que más disfruta hacer. Todas se hacen completamente a mano, no hay nin- gún torno ni máquina que pulverice el barro. Todo lo hace con ayuda de su hijo Francisco el más grande, quien le ayuda a ir a la mina, a golpear para pul- verizar el barro y a llevar la leña para la quema. Ahora ya Francisco tiene su lugar y sus clientes gracias al estilo particular que desarrolló, sin embargo, ella sigue ayudándole con los pedidos.

En Andares pensamos en ella como una guardiana de la tradición del modelado de barro. Cuando visitas su taller encuentras piezas con diferentes personalidades, es el trabajo de sus hijos, a quienes, como ella menciona, nunca obligó a trabajar con el barro, aunque todos se dedican a elaborarlo. Así, cada uno fue explorando sus expresiones artísticas hasta llegar a ser grandes maestros de este oficio. Doña Ana María reflexiona: “Cada uno de mis hijos trabaja lo suyo, muy diferente cada quien. Casi todos se inclinan por lo prehispánico, quizá porque mi esposo trabajó como restaurador en el INAH”.

A pesar de que cada uno de sus hijos tiene sus proyectos específicos, cuando alguien tiene un pedido muy grande, todos se unen como familia para poder sacar adelante el negocio. Todos invierten en mejorar el taller y el horno, poco a poco van adquirien- do lo que necesitan.

En su andar, Ana María se ha capacitado en talleres que le brindan herramientas para evitar el uso de plomo en el vidriado, ya que esto afecta principalmente la salud de los artesanos. Además, se capacitó en talleres de diseño e innovación en Ciudad de México, Guadalajara, Puebla, etc. Todo esto es por pertenecer a una organización de artesanos alfareros.

Honremos a personas como Ana María, quien no ha dejado que se pier- da la tradición de la alfarería en Oaxa- ca, formando a toda una generación de creadores únicos y distintos. La mejor manera de apoyar su trabajo es visitan- do su taller para conseguir esas piezas únicas que produce, también a la venta en Andares del Arte Popular.

“Para mí es un orgullo ser artesa- na porque es una cosa que nos da la tierra y es una cosa nativa de nuestro pueblo. Es un origen que nos da y de aquí sale para la comida, para el vestido, para el estudio. Para mí es un orgullo muy grande ser artesana”, exclama Ana María Alarzón Hernández, alfarera tradicional de Oaxaca.

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